miércoles, 31 de diciembre de 2008

Apoteosis del batiburrillo, o el año que se acaba

¡Que no cunda el pánico! No me ha dado un ataque de ego, aunque admito que lo parece. Lo que ocurre es que ando escaso de material gráfico, y voy tirando de donde puedo. Y como no me sentía capaz de hacer un resumen cabal de este año sin caer en las recurrentes y desgastadas lamentaciones, y me he propuesto empezar 2009 con otro espíritu, he decidido gastarme esta inocente broma fotográfica. Que viene a ser un mosaico de las fases lunares pero con mi propia faz. Honestamente, creo que doy más risa que miedo. Esa era la intención. Lo que hace uno para no ponerse demasiado trascendental... Cualquier cosa con tal de enfrentar los días que nos aguardan con el ánimo bien dispuesto, con la voluntad firme de hacer las cosas cada día mejor, con el profundo deseo de superar los altibajos de la vida con alegría, con el anhelo genuino de ir encontrando el camino a la felicidad. Despacito y con buena letra. Y no quiero despedirme sin agradecer de corazón a todos los que habéis visitado este blog, especialmente a los amigos y asiduos, a los perseverantes, a los comentaristas, a quienes me han ofrecido un hombro en el que llorar y me han dado patadas en el culo cuando ha hecho falta, a los que habéis querido compartir este espacio abierto y un poco raro - para qué negarlo. Sólo espero que algún día podamos tomarnos un cafetito juntos, en el mundo real. Mientras tanto, aquí siempre tendréis vuestra casa.
Y si esta noche bebéis más de la cuenta, que sepáis que mañana tendréis resaca. Luego no digáis que no lo advertí. Y para terminar, un poemilla rescatado del olvido, casi.

¡Qué nubes de qué cielos
derramarán su lluvia en qué horizontes!
¡Qué iluminadas rosas
licuarán su perfume en qué cabellos!
¡Qué anémona candente
arderá en qué profundo mar de fondo!
¡Qué vientos o qué fuegos
doblegarán qué vidas temblorosas!
¡Qué tierras o qué lodos
sepultarán qué días o qué sueños!
¡Qué dulce despertar
esperará a qué amargo adormecerse!
¡Qué corazón amante
recibirá en su seno
al corazón amado!

Besos para todos, y que la Fuerza os acompañe.

martes, 30 de diciembre de 2008

As time goes by...

Quedan apenas 24 horas para que termine el año. Es el tradicional momento de los balances y los buenos propósitos, de los deseos de prosperidad y de alimentar las esperanzas para el futuro. Sin embargo, esto de las fechas señaladas siempre me ha llamado la atención. Parece que necesitemos constantes puntos de referencia para recordar todo aquello que consideramos significativo. El día del padre, de la madre, de los enamorados, del nacimiento de Jesús, de su muerte, de su resurrección; el día del trabajo, de la constitución, de la patria, de los inocentes, de todos los santos... Los aniversarios y los cumpleaños. Y así con todo. Como dice Battiato en una canción: "Yo quiero vivir en el presente, para siempre". Pero aprovecho la ocasión para hablar del paso del tiempo. Y por eso traigo esa curiosa foto, en la que me autorretraté en plan Matrix con mi flamante Lomo de cuatro objetivos mientras subía - o bajaba - en ascensor. Afortunadamente, cuando se abrieron las puertas no me esperaban cincuenta tipos con traje negro disparando como demonios, ni tuve que correr por las paredes vaciando cargadores de metralleta - qué más quisiera. De hecho, seguramente iba a comprar el pan. Lo curioso es que la susodicha cámara tiene cuatro objetivos que se abren secuencialmente, lo que significa que entre cada imagen hay una diferencia de milésimas de segundo. Entre la primera y la cuarta puede haber transcurrido un segundo. El tiempo pasa y todo cambia. ¿Cuántos pensamientos pueden cruzar por nuestra mente en un segundo? ¿Cuánto tardamos en tomar una decisión trivial - comprar primero el pan y luego el periódico, o viceversa? ¿Cuánto en cambiar de ánimo? Y la foto es de hace dos años. Me miro y me reconozco, pero sólo en parte. Muchas cosas han cambiado, y ahora soy y no soy el mismo. Empieza un año nuevo, pero eso sucede cada día. Aunque entiendo que 4.380 uvas anuales pueden ser demasiadas (si es cierto lo de Italia y las lentejas, no quiero ni pensarlo). Y luego está lo de los buenos deseos. ¿Sólo amamos al prójimo en navidad? Si estas fechas nos despiertan sentimientos amorosos, ¿el resto del tiempo están dormidos? Es todo un poco raro. No soy enemigo de estas fiestas, pero no estaría mal que pudiéramos celebrar, todo el año, el día del respeto universal, por ejemplo. O de la dignidad. O del Amor, sin más. Pero bueno, eso es cosa de cada uno. Yo ya tengo mi lista de propósitos para 2009... Pero es que lo tengo muy fácil, es la misma de todos los años. Es como el Día de la Marmota...
Como regalo anticipado de Reyes (ese día sí que mola), añado unos enlaces muy interesantes.
Hasta mañana o pasado.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Papel mojado


Mientras continúan las cumbres borrascosas y el viento gélido e inmisericorde barre mis neuronas alegremente, daré la palabra a Bahauddin Valad (1152-1231), padre de Mevlana Jalaluddin Rumi.

"Someone asked me what is the knowing I speak of and how does love I mention feel. I said if you don´t know, what can I say? And if you do know, what can I say?
The taste of knowing love has no explanation, and no account of it will ever give anyone that taste."

Y más:

"God buys the essence you offer in exchange for the Garden of Eden (9:111)
I buy your kindness, your unselfish impulses, not those around you. Did you expect them to be interested? Do you want two buyers, myself and others? Whatever you do to be popular is a waste of time. They see, then turn away. Does that make you sad? Don´t be. I am the only buyer you will ever have."

Y por si fuera poco:

"By the One who set the earth with rivers pouring through in mist below the mountains, and two oceans with a strip of land between (27:61), we move the elements into various shapes without their consent, but human beings, unlike the water and trees, have a choice. They are given dignity, discernment, and the evolutionary wisdom that can move from death to new life, again to die and be restored on another level of existence. You have many choices about the ways you live and work and change and survive. Say you fall into an ocean. You may give up and sink, or you may try to swim to shore. Salvation is your decision."

Amén y buenas noches.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Desde las cavernas

Como muy bien saben los que leen religiosamente este blog (y digo religiosamente porque antes se encomiendan a todos los santos por lo que puedan encontrar), los últimos días andaba considerablemente alterado, o dicho coloquialmente, pabajo. Tras hacer una de esas entradas incendiarias y recibir los correspondientes capones, decidí que había llegado el momento de remontar, y no se me ocurrió nada mejor que comprarme una película de oferta: "One Million Years B.C.", o lo que es lo mismo, "Hace un millón de años". Obra emblemática el género "Cine prehistórico con mujeres macizas", protagonizada por Raquel Welch en el año en que yo nací. Naturalmente, la excusa fue que los efectos especiales corrían a cargo del genial Ray Harryhausen, pero mi objetivo real era la contemplación de la espléndida Welch con su bikini de pieles. Sin duda alguna me estoy haciendo mayor, pero tengo que admitir que el saludable e ingenuo erotismo que destila Ella es infinitamente más sugerente que la mayoría de lo que hoy en día nos venden con el mismo propósito. Y me enternece y fascina al mismo tiempo el trabajo de Harryhausen, que a pesar de los años transcurridos revela una capacidad asombrosa para inventar mundos imposibles, desafiando las dificultades técnicas con imaginación y oficio.
Pero todo esto era una excusa para hablar de otra cosa. Hay una escena de la película en la que un hombre pinta animales en las paredes de una caverna, mientras un grupo de niños le observa. Dejando de lado el nulo rigor científico de la película - ni falta que le hace -, nunca he conseguido creerme del todo las teorías acerca del sentido exclusivamente mágico y ritual de las pinturas rupestres (nota: uno de los escasos sobresalientes que he sacado en mi vida académica fue con un trabajo para la facultad titulado: "Abstracción y figuración en el Arte Prehistórico"). Y lo que me pregunto es si los eruditos que han formulado dichas teorías han experimentado alguna vez la magia real de crear un dibujo, de hacer surgir del blanco del papel una figura, una forma que antes no existía. Porque ando estos días con los lápices en la mano, y no dejo de sentir ese entusiasmo, esa alegría casi infantil, esa felicidad interior que me proporciona el sentirme capaz de dar vida y presencia a un personaje que antes sólo era una idea vaga e imprecisa. Que un humilde lápiz y un papel puedan recrear seres, paisajes y sueños, que aparecen lenta y misteriosamente ante tus ojos. Y cualquiera que haya vivido esa experiencia sabe que el ser humano no necesita una finalidad utilitaria para ponerse a trazar líneas, manchas o puntos. Es un impulso profundo, el mismo que lleva a un niño a arrastrar un palo sobre la arena. Si luego cazaban un bisonte, pues mire usted qué bien.
¿Pero qué querían que pintaran? ¿El nacimiento de Venus? ¿El Jardín de las Delicias?
Bueno, es un tema apasionante, pero es un poco tarde y me fallan las fuerzas. Otro día continuaré. Pero antes de despedirme, quiero rendir tributo al
recientemente fallecido Robert Mulligan, director de "Matar a un ruiseñor". Benditos los que dejan una huella semejante a su paso por este mundo. Gracias y amén.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Más lluvia violeta, o maldita sea mi estampa...

Empezamos bien. Pensaba hablar de la pérdida de la fe - de la mía, quiero decir - y al repasar las virtudes teologales descubro que también carezco de las otras dos (la esperanza y la caridad, para los menos puestos en catolicismo). Vaya por Dios...
No pretendo hacer una entrada interminable, aunque lo cierto es que para hablar de fe habría que extenderse largamente, con objeto de siquiera establecer una definición compartida. Resumiendo, diría que la fe que yo he perdido es, sobre todo, en el ser humano, entendido como especie y extendida - la pérdida - a casi todos sus especímenes, incluyéndome a mí, naturalmente. La teoría apocalíptica de que el planeta acabará sacudiéndose de encima a la raza humana como un perro a las pulgas se mantiene en pie con firmeza. Y, sinceramente, no me inspira ninguna lástima. Imagino que estoy muy malito cuando no soy capaz de percibir a mi alrededor más que egoísmo e ignorancia - que vienen a ser la misma cosa. Ya dicen que la vida es un espejo que nos devuelve la imagen que proyectamos. Espléndido panorama. Mis queridos y bienintencionados amigos: esto es lo que hay. Y como además soy cabezota y me niego a sucumbir a las pastillitas de la felicidad, y mi estúpido sentido de la responsabilidad - pacientemente inculcado en un alma cándida como la mía cuando empezaba a asomarme a la vida - me empuja a no dejarme deslizar del todo por la pendiente, pues aquí estamos. Si estaré desesperado que hago entradas como esta contra mi voluntad. En serio, tanta idiotez me mata. Os admiro, de verdad, desde lo más profundo de mi corazón. Admiro vuestra fortaleza, vuestra determinación, vuestra capacidad de sobreponeros a las adversidades y zancadillas de la vida. Y vuestro empeño en acudir a este blog para no sé exactamente qué. Será la excitante experiencia de observar, desde la seguridad del ciberanonimato, a este bicho que se retuerce entre la angustia, la tristeza y el puro dolor de vivir. Ni esperanza, ni caridad. Panem et circenses.
Hacía más de un mes que no soltaba un exabrupto de este calibre. Pero la ruina ambulante en que me he convertido no da para más. Y mira que intento dar el pego, pero que no hay manera.
He agotado a los íntimos, y ya no me queda sino volcar en este triste foro el amargo veneno que me intoxica
.
No pasa nada, todo es mentira. Mañana leeré esto y me arrepentiré como un imbécil. Es hablar por no callar. Es que es domingo por la noche y no tengo a quién llamar para llorarle mis penas. Así de crudo. Pues eso, que ni os molestéis en comentar, que no vale la pena. Bua, pobre de mí, etc. Menudo rollo. Debería eliminar esta entrada, pero no lo voy a hacer. Así la podré visitar de vez en cuando para no olvidar lo tonto que soy, que luego te sube demasiado la autoestima y no hay quién te aguante. Para el que sepa de lo que hablo, es la historia del anillo.
Feliz Navidad, no obstante e incluso.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Regreso inesperado

Efectivamente, es él. Nuestro amigo el tigre triste, a quien dábamos por desaparecido, a quien imaginábamos agazapado en la jungla cerámica acechando a una gacela de Lladró, ha vuelto. Tal vez se ha acostumbrado a su apacible vida tras el cristal, a contemplar a los transeúntes en su cotidiano devenir. La larga privación de libertad a veces provoca la incapacidad de disfrutarla cuando se recobra. Uno no sabe qué hacer con ella, y el hábito de no tener a dónde ir reduce tu mundo al pequeño espacio que te rodea y que se convierte en todo tu universo. Al menos se ha producido un cambio. Ahora está en el suelo, tras la columna (en realidad es el pie de un velador), y pasa más desapercibido. No está tan expuesto a las miradas, y puede ocultar su tristeza a los ojos impertinentes de los paseantes ociosos. Supongo que no encontró su lugar en el Belén - posibilidad que apuntaba Chema en su comentario -, o quizá se comió al buey y le echaron a patadas. Y es que los tigres no entienden de navidades, que en la selva se oye más el tam tam que la zambomba, y cuando el hambre aprieta, primero se engulle y luego se pregunta.
Bienvenido, pues, al escaparate. Como en casa, en ningún sitio.

martes, 16 de diciembre de 2008

¿Susto, o muerte?

Es domingo por la tarde. Mientras llega la hora, me acerco a un escaparate a curiosear. Se aproxima la navidad, y ya se sabe, es tiempo de regalos. Veamos... No sé, no sé. El osito de peluche, con sus pies hipertrofiados, el post-it en la frente y ese tentador corazón pidiéndote un beso. O quizá la pistola, imitación casi perfecta. Es extraño, creía que los peluches tenían que despertar la ternura, pero a mí me da pena. Me parece un esclavo, esperando con la mirada perdida, tal vez ensimismado en sus pensamientos (por qué estos pies tan enormes, nadie querrá abrazarme, seguiré aquí mientras me cubre el polvo, hasta rebajado soy caro). La pistola, en cambio, es tan sólida, tan real. Permanece desafiante en su estuche, esperando pacientemente una mano que la sostenga, que la sopese, que acaricie su fría empuñadura. No tengo prisa, siempre hay alguien ansioso por sentir ese escalofrío inconfundible de quien tiene el poder de infundir miedo. Te encañono y te poseo. Yo mando. Tal vez atraque un banco, ahora que hay crisis. Qué subidón. Total, si sólo pillan a los pringaos...
Qué tiempos raros, qué paradojas, que desvarío colectivo. Me giro y nadie repara en mi cara de asombro. La perplejidad me acompaña donde quiera que vaya, y me hace sentir un poco fuera de lugar. El efecto medusa: blando y transparente, la vida me atraviesa y me deja temblando. Tengo que mirar hacia abajo para comprobar que los pies siguen pisando tierra firme. Menos mal. Bueno, y quién te manda mirar escaparates. Respiración, presencia, aquí y ahora. Ya pasó. Mira el mundo, ese engranaje, toda esa gente que sube y baja, que viene y va. A lo mejor alguno sabe incluso a dónde. Y como yo siempre voy perdiendo el mapa...
Ay. Tic, tac, tic, tac. La rueda gira. ¡Allá vamos!
(Perdón y buenas noches). Por decir algo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Primer dragón

Estaba claro que hoy la imagen sería la de un dragón. Tenía dos para elegir, y al final me he decidido por esta. Es una criatura curiosa, y ahora me doy cuenta de que guarda cierta similitud con mi querido ornitorrinco, pues también parece el resultado de una combinación de animales diversos. Desde tiempos remotos y en todas las culturas, de oriente a occidente, la figura del dragón aparece una y otra vez, con la particularidad de representar indistintamente el Bien o el Mal. Cabeza visible del inframundo, devorador de doncellas y víctima de santos con lanza, guardián y depositario de sabiduría y conocimientos secretos. Espíritu divino que habita en los bosques, símbolo del pecado y la herejía, deidad benéfica y protectora. ¿Qué es, en realidad, el dragón? Sin duda una figura sobrenatural, portadora de atributos misteriosos, un puente entre lo divino y lo humano, la intersección sagrada de un ángel y un demonio. Enigma, sortilegio, encrucijada, laberinto, oráculo, revelación, océano sin fondo, llamarada, vórtice. Quizá un espejo ondulante en el que queremos ver reflejados nuestros miedos o anhelos, la encarnación fantástica de lo que deseamos o tememos, el ser legendario en el que depositamos nuestros sueños o pesadillas.
El dragón está, como todos, escondido tras su máscara. Su realidad se escapa y se transforma, mutación prodigiosa, metamorfósis ígnea entre la luz y la tiniebla, un fuego negro, un humo rojo, una piedra que brilla, la huella del misterio que se oculta al ojo humano. Para el espíritu puro, la voz del dragón despierta los ecos de las verdades olvidadas. A veces en la noche se escucha su aliento como el rumor grave de un trueno lejano. Dichoso aquél que ve al dragón entre las sombras del sueño, quien siente el roce de sus alas, quien arde con su grito, quien penetra en su mundo invisible. Porque ya nada vuelve a ser lo mismo.

viernes, 5 de diciembre de 2008

No hay más acera que la que arde

Ya sé que dije que hablaría de ballenas, pero de momento habrá que esperar. A veces me pongo muy concienzudo, y no me apetece lanzarme sin la preparación suficiente. A lo que iba, que hoy me he encontrado con esto y le he hecho una foto. Y diréis - o al menos lo pensaréis - que vaya hallazgo, unas hojas caídas en otoño. Pues sí. La cosa es más o menos como sigue: voy caminando por la calle, y de repente algo me llama. En este caso es la luz. Ese sol casi rasante que arranca las texturas de lo que encuentra a su paso, que atraviesa las transparencias, que revela atmósferas microscópicas y colores improbables. Hay una geografía oculta en lo evidente, una topografía que se posa como un velo por encima de los objetos, que se superpone a lo que vemos como una piel finísima y volátil. No se distingue apenas, se mimetiza, se disfraza de nada para cubrirlo todo. Pero a veces su aroma se enreda entre los pies y te hace detener la marcha. Te paras. Te agachas, en plena calle, sin importarte quién te mira preguntándose qué habrás visto tú en esas hojas, mira que vaga gente rara por el mundo. Sabes que hay un misterio, y el misterio es la vida. Lo real es lo que tiene, que está ahí, sin más, y ahí está su grandeza, en su humildad. Durante unos minutos, el mundo entero se reduce a esas hojas caídas en la acera, al sol cuando se aleja y las empapa de color y sombras, a la áspera cuadrícula azulada del suelo, al instante detenido, al aire que te envuelve como un manto. Se le llama presente, porque es un regalo.
Por cierto: una vez más acuden las premoniciones. El tigre ha abandonado el escaparate. Quizá escapó en la noche, sabiendo que su imagen viaja ya por el mundo, y él es sólo una sombra que se pierde entre sombras.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Faltan dos, y Tristán

La foto es muy mala, pero me da igual. Y como este blog es lo que es, valga como intento de autorretrato: un tigre triste detrás de un cristal. Sin contar la aliteración, es un pobre análisis, desde luego. No deja de sorprenderme lo vulnerables que podemos llegar a ser a los estados de ánimo. Una digestión difícil, y llega el mal humor; amanecer lluvioso, y aquí está la melancolía; un verso afortunado, una sonrisa al vuelo, una ráfaga de viento, la baba del caracol, un trino o un gorjeo, una vieja foto, un recuerdo herido... Qué poquito hace falta para zarandearnos. Será que estoy sensible, o que se acerca la Navidad, o que me voy volviendo tonto - un poco más, quiero decir. Pero todos los días paso por delante de ese tigre de saldo, y la verdad es que me dan ganas de comprarlo, no sé si para darle la libertad o un martillazo. En su caso, puede que venga a ser lo mismo. Y ahora que lo pienso, en el mío también (sin que esté invitando a nadie a sacudirme con un mazo). Espero no ser el único que a veces tiene la sensación de haberse caído de la estantería, rompiéndose en mil pedacitos, y ahora venga, coge el pegamento y a recomponer el desastre. Luego pasa lo que pasa, que cuando terminas te miras al espejo y ves que la nariz no está en su sitio, que te falta un ojo, que esa oreja no es tuya, y así con todo. ¿Será la condición humana, o que estoy defectuoso? Es una pregunta retórica, se ruega no contestar.
Paciencia, bendita paciencia. En la próxima entrada hablaré de ballenas. De una ballena blanca, o mejor dicho de La Ballena Blanca.
¡Por allí resopla!

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Menos Mal

Cara de piedra, de piedra falsa, el rostro del diablo - diablillo - que anida entre nosotros sin que nos Demos cuenta. En una calle del centro de Madrid, en una inofensiva jardinera, su mirada vacía, su gesto entre burlón y sorprendido. Esos cuernos tienen que ser de pega - demasiado bien hechos -, y el flequillo peinado con tridente, y la nariz tan Roma (ja, ja), tan achatada, tan plana, tan sin forma. Si no fuera mentira, se diría gastada por el tiempo, por el viento y la lluvia, por el paso inclemente de los siglos. Pero no, ¿de qué siglos? Hasta la boca miente, ni cerrada ni abierta, parece estar silbando o murmurando un salmo. Mejor que no responda, por si acaso.
Me da un poco de pena, tan pequeño, tan poca cosa el pobre. No pasa casi gente por su calle, y casi nadie - yo sí - repara en su presencia: con razón está triste. ¡Dejadme hacer el mal, un maleficio, una malaventura, un contratiempo, un resbalón fatal, un estropicio, un pensamiento impuro, lo que sea! Pero nadie le escucha, con esa vocecilla tan débil que el maullido de un gato la sofoca. Se ha puesto muy difícil ser malvado
, hay mucha competencia desleal. Pues cuando nadie mire os sacaré la lengua, me burlaré del mundo, de su fugaz destino, de su torpe conciencia, de su pasar de largo. Mejor así, no me hagáis mucho caso, que pueda trabajar a mi manera, silencioso y discreto. Quizá sea muy tarde para cuando os déis cuenta...
Qué quieres que te diga, pero a mí esto me suena a pataleta.

martes, 25 de noviembre de 2008

No es tan fiero como lo pintan

Mañana de domingo en el Retiro. Tengo que hacer la foto, aunque sea con el móvil. Esa cabeza de león, la piedra marcada con las huellas de las gradinas, la luz del sol de otoño... Está junto a la antigua Casa de Fieras, pero tiene una cara de bueno que dan ganas de abrazarse un buen rato, incluso a sabiendas de lo duro que va a estar. Cuando abro la foto en el ordenador, descubro al señor calvo montando en bicicleta. Al principio pienso en quitarlo, pero luego me hace gracia, tan chiquitito, que parece que se le va a meter por la nariz al león... Que ahora parece una Esfinge, ciclópeo y magnífico. No se ve, pero el suelo está completamente cubierto de hojas, como en las pesadillas de un jardinero. Nicolás - un niño precioso que va conmigo a los parques para ver si aprendo a jugar - lleva un globo rojo en la mano. Dos minutos más tarde estará volando sin rumbo - el globo, no el niño -, y le diremos adiós, buen viaje, que te vaya bien. Y luego los columpios, el tobogán, los palos, las piedras, la arena, las galletas, los patos, otra vez las hojas, no estoy, corre que te pillo, súbeme a caballo, Bob Esponja, Patricio, Otoño llegó, marrón y amarillo...
A la fuerza el león ha de tener cara de bueno. Si os fijáis, hasta se le escapa una sonrisa.

domingo, 23 de noviembre de 2008

A puerta cerrada

La tristeza es esa lluvia violeta que lentamente se instala en tu casa como un parásito de rostro dulce, y mientras te devora las entrañas acaricia tu oído con palabras melancólicas. En el heróico y siempre vano esfuerzo por comprender el mundo y su circunstancia, el absurdo triunfa con su mundanal indiferencia, con su desprecio ronco y abyecto, bajo el aplauso espléndido de quienes nada tienen que ganar. Me canso de trepar por esa pendiente resbaladiza, de clavar las uñas desesperadamente en el blando material del que está hecha la frontera entre estar vivo y vivir. Con un pie a cada lado, en el precario equilibrio del funambulista ciego que tan sólo se deja guiar por el sonido incierto y tembloroso de las dudas. Cada paso que doy me aleja y me aproxima, sin que llegue a saber si es el norte o el sur lo que me espera. Arrojo mis palabras con esperanza al viento, al aire anaranjado de este otoño más triste que ninguno, y las veo morir sin una lágrima. No hay pena, sólo una oscuridad que no se apaga, un fuego de San Telmo que me alumbra el camino hacia ninguna parte. Un engaño, una máscara, un jardín agostado, un bosque en el que ningún pájaro anida. Pues eso es la tristeza, el perro lazarillo de la muerte.
Quisiera la alegría, y despertar de madrugada con un beso. Quisiera el bálsamo, la calma tras el llanto, una verdad sin nombre. La noche se me está haciendo muy larga...

jueves, 20 de noviembre de 2008

Nubes y claros

No tenemos remedio. Sabemos que es vapor de agua condensado, pero queremos ver ejércitos, mantos de armiño, rebaños o manadas, la mano suave con que el cielo nos protege de la luz del sol cuando hiere. Nos empeñamos en transfigurar la materia, porque la vida es más hermosa cuando el misterio la envuelve. Vivir poéticamente la existencia, sin perder el contacto con lo sólido y cotidiano del pasar los días, de la arena en los zapatos, del dolor de huesos, del sueño pegado a los párpados. De los niños que lloran y los perros que ladran, de los motores y los humos, del estridente rechinar de la maquinaria del mundo cuando gira sobre su eje. Abres la mirada y el color revienta y te inunda como un mar silencioso. Abres el oído y suena el coro trepidante, el bramido violento, el susurro ambiguo de las hojas o el océano que desde lejos te llama con su voz espumosa. Te detienes un instante sobre los pies, callado e inmóvil. Sientes cómo cruje el planeta, cómo se retuerce y vibra bajo el paso indiferente de millones de seres con las horas contadas, que sin embargo viven como si nunca fueran a morir. El murmullo de sus pensamientos crece hasta convertirse en un grito que súbitamente se apaga y desaparece. Respiras el aire frío que huele a noviembre o al hueco que deja el tiempo a su paso. Todo sigue en su sitio, nada parece haber cambiado, pero es nuevo y mortal, fugaz, efímero.
No tenemos remedio. Por eso los poetas y los músicos pasan la noche en vela, esperando el beso, el golpe o la avalancha, el momento en que el verso brota o el sonido desciende y se posa o te horada las entrañas. Para que luego digan que vivir es morir en el intento. La luz parpadea hasta dormirse, el mundo se repliega y en un suspiro cesa. De los hondos abismos apenas llega un haz de promesas y razones absurdas. Todo se vuelve ya una pregunta vana, apaga y vámonos, y el último, por favor, cierre la puerta.

lunes, 10 de noviembre de 2008

La evidencia oculta

Fotografía pura. Sin truco, sin trampa, sin efectos. La cámara, el objetivo, las limitaciones ópticas, distancia mínima de enfoque, profundidad de campo casi nula. Y otra vez esas plantitas diminutas y frágiles, que se estremecen con el más ligero soplo de brisa. Me acerco hasta casi tocarlas, me meto en su mundo corpuscular y enigmático, en su abstracta esencia de geometrías volátiles, en su juego de transparente y luminosa invisibilidad. Constelaciones ténues que se ocultan a nuestro paso, réplicas del cosmos que vibra como un eco en las distancias inalcanzables. La materia en el límite. Podría ir más allá, sumergido en ese mar de esferas improbables, en ese cataclismo de burbujas o planetas que oscilan entre mis dedos cuando intento tocar, cuando quiero sentir su tacto esquivo y delicado. Qué borboteo translúcido, qué insólita ebullición en la penumbra, qué esferas florecidas, qué estallido de luces en el silencio casi místico del bosque en primavera, o la tarde cuando cae como un péndulo que se cierne perezoso y tenaz. Nadie pasó a su lado y se detuvo. Nadie ciñó sus tallos temblorosos, ni acercó a sus mejillas la risa pálida de un cosquilleo fugaz. Nadie supo si el mundo giraba todavía cuando cayó la noche. En un instante tuvo lugar la vida, como la humilde música del viento entre las hojas. Sólo un recuerdo ausente. Una mirada que vuelve casi nunca, que se queda prendida y cae rendida. Casi nada.
Qué universo pequeño y prodigioso.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La isla de las bellotas

Que la poesía es un misterio no es ningún misterio. De su poder premonitorio se habla menos, pero a veces surge, inesperado y revelador. Releo la última entrada y de repente veo. No presumo de poeta, pero inexplicablemente la pluma se convierte en la vara de Moisés y separa las aguas del mar de la vida para mostrarnos las corrientes ocultas, los paisajes abisales que son vedados al humano entendimiento. Como un códice indescifrable, la existencia decide manifestarse caprichosamente a través de unos versos que manan sin aparente control, ascendiendo desde simas desconocidas y ordenándose como su propia ley les dicta. Uno cree que escribe lo que quiere, o lo que puede, dando forma y estructura, ritmo y rima a las ocurrencias del instante. De dónde viene y adónde va tanta palabra, la lírica, la métrica, el endecasílabo que baila su pas de deux, la conjugación y el retruécano. Seamos humildes: la poesía nos escribe sin que podamos evitarlo. Nos posee, y luego nos utiliza para asomarse al mundo. Se burla y juega, como el viento de otoño da la vuelta y gira, y nosotros al pairo, tratando de creer que manejamos el timón. Pero viajando por ese mar en un barril, llego a las costas de una isla o continente - hasta que no lo explore no lo sé. Una mole de piedra gris me mira con una cierta indiferencia, me concede la gracia de alcanzar el bosquecillo sin aplastarme. Unas ardillas juegan o trabajan - en su caso es lo mismo - y encuentro dos tesoros: una bellota mágica - como todas - y una presencia cálida.
Impregnado de su aroma regreso, sabedor de que el mapa está marcado. Y aunque la noche cae sobre la isla, el mar cambia el rugir por el susurro para acunar los sueños de los niños, y besar a sus madres en la frente.
Y la marea sube lentamente...

viernes, 31 de octubre de 2008

Por si fuera poco

A veces parece que la vida se empeña en ser un laberinto. Un juego de espirales, de círculos concéntricos, de escaleras, de puentes levadizos. De atajos engañosos, de caminos inciertos, de promesas vagas, de versos que no riman. Un viento que aúlla, palabras que arden, lo que no puedo hacer aunque quiera, lo que no quiero hacer aunque pueda. El yunque a cuestas, el silencio mentiroso, la mirada perdida. Quiero la risa. Quiero un segundo de verdad. No medir. No contar. No pesar. Que la luz me abra. Quiero verdad y centro. Un misterio azul, una luz violeta, un ojo incandescente. Tengo que dejar de ser tan tonto. Definitivamente eso.

Y si os pido perdón, es el otoño.
Se pasará volando.
El pez fuera del agua me pregunta:
¿es que tú no te ahogas?
Voy a perder las hojas si no se para el viento.
Pero me da lo mismo, y mientras tanto
no echo tanto de menos,
no echo de menos tanto,
y para qué - me dicen -
si la flecha ha salido ya del arco.

lunes, 27 de octubre de 2008

La cuarta pregunta

Para los que piensen que vivo en una burbuja (¿hay alguien que lo piense?) voy a hablar de la crisis. Como todas, es pasajera. Y como buena pasajera, la llevamos en la mochila casi sin darnos cuenta. O sea, a cuestas. Las crisis se pueden ver como un desastre, o como una oportunidad de cambio. Aunque sea por el famoso artículo 33 (o como las lentejas...). Puestos a ser optimistas - ¿hay una opción mejor? - ahora tenemos la ocasión de replantearnos nuestros hábitos de consumo, por ejemplo. Qué bueno es pasear frente a los escaparates de las tiendas y contemplar la enorme cantidad de cosas que no necesitamos, aunque seamos capaces de desearlas casi desesperadamente. Y qué satisfacción cuando uno dice: ¡Venga, hoy me voy a comprar una palmera de chocolate, y al demonio con la miseria! Y la saboreas como si los propios ángeles hubieran descendido del cielo para colocarla en tus manos. Eso es lujo, y no Cartier. Pues sí, que nos estábamos acostumbrando peligrosamente a los cuernos de la abundancia - que no dejan de ser cuernos, al fin y al cabo. Con un poco de suerte, de ésta aprendemos a vivir con menos. Sólo por eso merecería la pena. Y si no hay para la palmera, pues se moja el mendrugo de pan en el café, sin salir de casa. O te sientas en un banco del parque y ves cómo buscan las migas los gorriones. Y luego está lo de la coherencia, ese concepto tan marciano, a lo que se ve. Porque habrá crisis, pero yo veo los mismos atascos de siempre. ¿Es que nadie sabe que es más barato el transporte público? Yo no sé si tiene que ver, pero cada vez me fijo más en las personas, y menos en la gente. A mí me da la sensación de que esto es el mundo, que se está sacudiendo las pulgas. ¿Volverá el ser humano a convertirse en la medida de las cosas? ¿Lo ha sido alguna vez?
Juguemos a poner los ceros a la izquierda, a ver qué pasa. A lo mejor algo cambia, y descubrimos que hay otro modo de hacer las cosas, más sencillo. Yo, de momento, vuelvo a mis robots de cartón. Bueno, bonito y barato.¿Quién da más?

jueves, 23 de octubre de 2008

El viento que no cesa


El ciclo de las estaciones es inexorable - al menos de momento -, y aunque se hagan de rogar, terminan por hacer acto de presencia. O lo que es lo mismo: ha llegado el otoño. Viento, lluvia, y ganas de quedarse en casa mirando por la ventana cómo vuelan los paraguas, se despeinan las señoras y los pájaros se esfuerzan por mantener el rumbo. Y me ha invadido, como un pequeño ejército de hormigas, el deseo de releer algún haiku. Una de las características del haiku es la presencia de un elemento llamado "kigo", o "palabra de estación". Cito del excelente libro de Fernando Rodríguez-Izquierdo "El haiku japonés" : "Hay objetos que evocan espontáneamente la estación, y se convierten así en símbolos propios suyos. Así, por ejemplo, flor de cerezo representa la primavera, las libélulas el verano, etc. (...) Esta palabra relativa a la estación, de importancia axial en el haiku, es como un símbolo estético del sentido de las estaciones, que surge de la unidad del hombre con la naturaleza, y su misión es simbolizar esa unión".
Y como el movimiento se demuestra andando, paso a reproducir algunos de mis haikus favoritos. Espero que los disfrutéis.

Al oscurecerse el mar
las voces de los patos salvajes
son vagamente blancas.


¿Quién es el que se lamenta,
su barba soplando al viento,
por el ocaso del otoño?


Piedras volando;
tormenta de otoño
en el monte Asama.


Matsuo Bashoo (1644-1694)

Un día de estos intentaré convencer a algún turista japonés de los que visitan el Museo del Prado para que me recite algún haiku. Si lo consigo, lo grabaré y lo pondré en el blog.

martes, 21 de octubre de 2008

Caronte aguarda (pues que espere...)


Soy el hombre que muere un poco cada día,
con ese morir lento del que se sabe vivo de milagro.
Por no tener, no tengo dónde caerme muerto.
Que vivo de prestado
ya lo sé, y no me quejo.
No es que morir me importe,
pero duele acabarse
sin haber recorrido los caminos que tal vez me aguardaban.
Y será la costumbre de vivir,
de estar vivo,
de querer que el amor me acompañara,
de abrir el corazón
- aunque me cueste -,
de entregar la mirada a los que amo,
pero sé que lo voy a echar en falta.
Tampoco tengo prisa por saber las horas que me quedan,
lo que hay al otro lado,
- será lo que Dios quiera -
y ni el Hado me espanta.
No sé,
tal vez no creo en el Destino.
El Infierno es un fuego
que te consume el alma aunque no te hayas muerto.
Pero es que el Cielo no me dice nada.
Amigos míos, hago lo que puedo,
no quiero que me embargue la nostalgia,
con la sonrisa puesta me despido,
sabed que tengo cuerda para rato,
y de la vida aprendo:
yo también sólo sé que no sé nada.

domingo, 19 de octubre de 2008

Así en la tierra

Aunque hace ya mucho tiempo que no creo en las coincidencias - es decir, en su aleatoriedad - resulta que he recuperado esta fotografía justo cuando acabo de releer "Por qué soy cristiano", de José Antonio Marina. La imagen procede de una iglesia de un pueblo de Euskadi, en la zona de Tolosa. Casi todos los pueblos de los alrededores tienen iglesias similares, desproporcionadamente grandes para el tamaño del municipio. En materia de arquitectura religiosa yo soy más del Románico. Me resulta más coherente con la fe que la inspira: sencillez, humildad, armonía, paz, amor y respeto. La austeridad románica invita al recogimiento, y te deja a solas contigo mismo - y en presencia de Dios, si esa es tu fe. Desgraciadamente, muchas veces el interior desdice el exterior, y frente a la pureza de líneas y los rotundos y compactos volúmenes de portadas y ábsides, una vez dentro te recibe un despliegue de dorados, volutas y figuras teatralmente mayestáticas, que más que elevar el espíritu consiguen encoger el corazón, como un Deus ex-machina dramático y amenazador. No quisiera ofender sensibilidades, pero a mí tanta imaginería de cartón piedra (aunque esté hecha de madera) me parece más ostentación que devoción. Entre San Pedro del Vaticano y la Capilla de Rothko en Houston, me quedo con Rothko. Por no hablar de San Baudelio de Berlanga o la Vera Cruz de Segovia. Por si hubiera dudas, hablo sólo de la coherencia entre estética y espíritu, y desde mi subjetividad. Respecto al cristianismo, sólo voy a decir que, en mi opinión, la verdadera crucifixión de Jesús fue lo que se hizo después con su mensaje. Eso sí que son lanzadas, clavos y vinagre en las heridas.
De todas formas, todas las épocas y todas las culturas han dado templos prodigiosos, en los cuales uno puede encontrar la huella de un camino abierto para que el ser humano encuentre aquello que anda buscando, o lo que le busca a él, o lo que necesita encontrar aunque huya de ello. La respuesta, el misterio, la llave, el secreto, el tesoro oculto, la luz, el sendero, la puerta, o un fuego que le abrase el corazón. Tal vez un libro sin palabras. O una palabra que suena como un mar embravecido. O Nada en Absoluto. O un eco que nunca, nunca se apaga, como la sed que el agua no calma.

sábado, 18 de octubre de 2008

Kafka en Disneylandia

¡Toc, toc, toc! (¡toc, toc, toc) (toc, toc, toc...toc........toc..........) Nada, pues le pego una patada a la puerta y se acabó. ¡Pumba! ¡Hala, padentro! La poca luz que entra por la ventana apenas da para entrever un paisaje entrecortado, un rompecabezas gris, un bailecito de sombras. Un minuto, dos, tres, se me acostumbra la vista a la penumbra. Caramba, yo ya he estado aquí antes... ¡Idiota (dijo Dostoievski) si es tu casa! ¿Mi casa? Pero...¿qué hacen aquí esos muebles? ¿Son míos? Pues claro, de quién si no. Espera, espera, ¿y esa música? ¿El Mesías de Haendel? Ese sí que no es mío. Bueno, déjalo, no suena mal. Y todos esos cuadros... No me lo creo, esta no es mi casa. ¿Cómo iba yo a vivir en un lugar así? Y esos animales... qué raros, y cómo se me parecen. Ahora mismo llamo a los bomberos, a la policía (del pensamiento, dijo Orwell), a los Traperos de Emaús (dijo Jesús), a Diógenes sin Fronteras... ¡Que se lo lleven todo! Vaya, no tengo cobertura. Eh, ahí hay alguien. ¿No seré yo? Elemental (dijo Holmes). ¿Se puede saber a qué juegas? Esto no es una casa, y mucho menos un hogar. Es un desván, un vertedero, un desagüe, una cloaca...Vamos, el trabajo de toda una vida. O sacas todo esto de aquí o yo me mudo. -Eso, mejor te callas. Que no, que me voy, que no te aguanto más. Y no quiero tarta ni regalos, yo eso no lo celebro. Tengo hasta el martes para pensar algo. Las fotos, los instrumentos, los libros sin leer, los poemas sin escribir, los lápices sin afilar, las partituras que no entiendo. ¿Tienes una maleta grande? Mejor la carpa de un circo, si no, te va a faltar sitio. ¿A que no me llevo nada? Ja, ja, ja... Me dejas de piedra. (Eso, tú conviértete en piedra y verás cómo te trituro con la maza de picapedrero). No, esta vez no te voy a escuchar, no te voy a hacer caso. Lloraré como en un parto, pero te juro que por ahí no vuelvo a pasar. ¿Quieres quitar el dichoso Mesías? ¡Parece que vamos a coronar a Napoleón! Y no me vengas con el "ya te lo dije". Aprenderé a bailar con los ojos cerrados, a cantar riendo, a escuchar cómo crece la hierba. Si hace falta, aprenderé a guardar silencio. Incluso a callarme. ¿Sigues ahí?
Claro que sí, puedo oir tu risita... Pero me da igual. Ja, ja, yo también me río, ¿ves? Y voy a comprar flores. Y un mantel bonito. Y un barco pequeño, con su mar y todo, navegando entre las olas mientras suena una campana y el viento despeina las velas. Adios, me marcho, y no pienso arreglar la puerta. La dejo abierta. Ahí te quedas.¡Patapúm parriba!

miércoles, 15 de octubre de 2008

El hombre que hablaba con las espadañas

Buscar la belleza oculta, la que se esconde a las miradas cotidianas, la que se disfraza de rutina o se acurruca entre los pliegues de la normalidad. Acechar el asombro, la sorpresa, el paisaje inesperado, el repentino brote de luces y sombras, un estallar de formas arbitrarias que cobran sentido ante los ojos atónitos del febril buscador. Revelación, éxtasis, perplejidad ingenua del que nunca se cansa de contemplar el centelleo de la divina luz en el espejo de las cosas, de las criaturas, de los lugares, de los seres que gritan o susurran el milagro de la existencia. La pura vida, el color y su opuesto, el sonido invisible, el despliegue inacabable de los signos, el misterioso alfabeto con que el mundo se describe a sí mismo. Descifrar el código que transforma lo real en su apariencia, frenando en su vuelo las figuras que descienden sobre la tierra como máscaras o templos, como quimeras, como niebla fantasma, como un velo que el viento agita caprichosamente. El corazón que anhela espera en sus latidos el retorno de un eco, un sonar de campanas en el hueco mudo de las ausencias, un cálido fluido que derrame el dulzor de la presencia amada. Recorrer los caminos como si nunca fueran a acabarse, como si el viaje fuera ya la meta, como si cada final fuera un principio. Y compartir el beso que la belleza otorga al peregrino, al mendicante humilde, al amante que sueña, a quien se rinde al todopoderoso influjo del instante presente. Aquí y Ahora. Siempre.

Y luego dirán que Pollock es un pintor abstracto...

lunes, 13 de octubre de 2008

Encuentro en un cementerio

Una de cal y otra de arena, o lo que es lo mismo, una de erudición musicopérsica y otra de patinaje artístico por los hielos perpetuos de mi casquete polar (lo que viene a ser el cerebro propiamente dicho). Y para ello me sirvo de esta fotografía añeja (del añejo 1998, concretamente). No sé ni por dónde empezar. La hice en Estambul, en un cementerio. El hombre de la barba desempeñaba alguna función que no recuerdo, pero que era sin duda una forma de ganarse unas liras para vivir dignamente. Hay muchos personajes así, que piden sin pedir, ofreciendo algún servicio bastante confuso y que casi siempre acabas rehusando con la mayor amabilidad posible. Hubo un simulacro de conversación, con mejor voluntad que resultado, ya que él sólo hablaba turco y no es un idioma ni remotamente parecido al español. Al menos tuvo lugar un cierto intercambio, que es lo que cuenta. Era agosto, por lo que el gorrito de lana resulta un poco fuera de lugar, pero quién soy yo para conocer su necesidad de mantener la cabeza caliente. Cierto que no combina con la camisa. La barba, en cambio, es hermosa. Si de mayor me dejo barba, quiero que sea así. Ondulada y brillante, densa y esponjosa. Pero lo que siempre he pensado ante esta imagen es que, si en lugar de la camisa de rayas y el gorro de lana, hubiera llevado una túnica y un turbante, ¿estaríamos viendo a la misma persona? Mejor dicho: ¿tendríamos la misma percepción de este hombre? ¿Es un viejo pobre que malvive de las limosnas de los turistas, o un venerable derviche que observa con amor y perspectiva -y paciencia- a los modernos peregrinos que buscan, con mayor o menor sinceridad, excitación espiritual o experiencia genuina? Tal vez las dos cosas, tal vez ninguna. Lo que me lleva a reflexionar sobre el valor de la experiencia. Hubo un encuentro entre desconocidos, y cada cual lo vivió desde su propio ser. La experiencia es aquello que has experimentado, pero también lo que has aprendido de ella. Es posible acumular experiencias sin sacar provecho alguno, así como lo es destilar valiosas enseñanzas de una sola vivencia. Dependerá de nuestra actitud, de nuestra predisposición, de nuestra capacidad, de nuestro estado de ser y de estar. Apenas recuerdo una vaga calidez, pero dudo que en aquel momento fuera yo capaz de ir más allá de la tosca superficie de las cosas. Ni siquiera me atrevo a aventurar que hoy sería diferente. Cada instante es nuevo y distinto, y hay que vivirlo como si fuera único - que lo es. Al menos tengo el testimonio mudo de la imagen de un hombre real, cuya magnífica barba me parece motivo suficiente para contemplar su foto y recordarle con afecto.
Tesekkür ederim.

jueves, 9 de octubre de 2008

Instrumentos persas: el setar

Hoy toca una de esas entradas didácticas sobre música persa. Las anuncié cuando empezaba este viaje, y luego traicioné mis palabras, y eso está muy feo. Así que aquí estamos. En la foto (que he tomado prestada de su web), podemos ver al gran maestro Dariush Tala´i tocando el setar. Se trata de uno de los instrumentos más representativos de la música persa. Su nombre significa "tres cuerdas", aunque actualmente tiene cuatro, debido a que un derviche y gran músico llamado Moshtaq Ali Shah (fallecido en 1792) decidió añadir una última cuerda. Su origen puede ser rastreado en los textos hasta el siglo XII bajo diferentes nombres, y pertenece a la familia de los laúdes de mástil largo, de los cuales hay numerosas variantes en todo el mundo oriental, desde Turquía hasta China, pasando por toda Asia Central.
La caja de resonancia está hecha de tiras de madera muy finas, y el instrumento es sorprendentemente ligero. En la técnica clásica se toca únicamente con la uña del dedo índice. Los trastes son móviles, y están hechos con un tipo de cordel que se anuda alrededor del mástil. Las cuerdas son metálicas, y existen diferentes afinaciones que dependen del modo al que pertenezca la pieza que se va a interpretar (véase entrada sobre el radif, en septiembre de 2007).
Sobre el sonido no voy a decir nada, porque para eso os añado un enlace abajo y así lo podéis disfrutar de verdad. Es el único instrumento de la música clásica persa que no se utiliza para la música "ligera", y es también el predilecto de los derviches. Pues hala, ya lo conocéis un poco más. Ahora, a escuchar. Si os gusta (que os gustará), os puedo recomendar algún disco maravilloso. En el vídeo podéis ver y escuchar a Dariush Safvat al setar, y cantando al gran Razavi Sarvestani. Un lujo, vamos. Que lo disfrutéis.

Dariush Safvat y Razavi Sarvestani (setar y voz)

miércoles, 8 de octubre de 2008

Enredando

Buscando alguna imagen que pudiera justificar la entrada de hoy, he topado con esta foto de uno de los majestuosos árboles que crecen frente al palacio de La Granja, en Segovia. Como la hice con el móvil, pensé en arreglarla un poco (brillo, contraste, etc), pero una cosa me ha llevado a otra, y al final se me ha ocurrido la idea de hacer una nueva versión. Y es que no he podido evitar que la intrincada red de ramas - de un verde sorprendente - me recordara las imágenes de redes neuronales, y me he dicho: ¿y si viro la foto a rojos, como si fuera un bosque de sinapsis en ebullición, saturadas de impulsos electromagnéticos y disparando dopamina como metralleta en película de Tarantino? Y así lo he hecho. Según parece, el cerebro es la organización más compleja del universo (lo que implica que alguien se ha dedicado a recorrerlo entero para poder afirmar tal cosa, pero... ¿no era el universo infinito? - y encima se expande...¿hacia dónde?), algo así como billones de neuronas conectadas formando caminos de ida y vuelta; la electricidad circulando a hipervelocidad, abriendo y cerrando puertas, liberando sustancias con nombre de droga ilegal que nos hacen sentir bien o mal, o pensar en el mar, o resolver una raíz cuadrada (bueno, yo eso no), o parir un verso; o recordar un nombre o una caricia; o decidir que mañana será un gran día, y que seremos felices aunque nos parta un rayo. Y que nos dé miedo la oscuridad o el dolor, y que nos haga llorar una voz que canta o nos haga cantar un niño que llora. Por eso tenemos la cabeza tan dura - unos más que otros -, para proteger ese mini universo que llevamos a cuestas. Menuda responsabilidad.
Y para terminar, como hace mucho que no pongo ningún enlace exótico, ahí os dejo uno. Merece la pena, aunque sólo sea por su sonrisa.

Daf solo by Shekofeh

martes, 7 de octubre de 2008

Un paseo por la bidimensionalidad

Rescato esta noche otra fotografía casi olvidada, y que sin embargo siempre estuvo entre mis predilectas. Posee ese rasgo que tanto me gusta, ese caminar en el límite de lo figurativo y lo abstracto, entre lo reconocible y lo enigmático. Y aún más, porque es capaz de aparentar movimiento siendo, como es, una planta en su maceta. Ni siquiera pudo el viento agitar sus hojas, pero lo consiguió el encuadre y el juego de la profundidad de campo. Me gusta el vórtice que parece tragarse las hojas como un sumidero... ¿O se trata tal vez de un surtidor que arroja su líquido negruzco como láminas de catarátas concéntricas? Hay algo vertiginoso y abismal, acuoso, fluido, sólido y escurridizo. La imagen se engulle a sí misma, y es posible que pronto desaparezca ante nuestro ojos y sólo quede de ella un rastro húmedo sobre el papel. Un recuerdo que flota en el vacío, un sonido sibilante que corta el silencio como el filo de una hoja, un espejismo que vino y se fue sin que hubiera tiempo para hacer preguntas. Pero la realidad se recrea a cada instante, y la imagen vuelve a emerger girando sobre su eje, como una hélice subiendo y bajando en espirales. Camino de ida y vuelta, tobogán, un niño - casi - jugando con la cámara, explorando el mundo más pequeño para encontrar sus límites y, de paso, la salida de emergencia, o la puerta de atrás...

domingo, 5 de octubre de 2008

Ámbar: ¿Por qué me posé en aquella conífera?

Esta mañana he estado trasteando un ratillo con el Photoshop (por aquello de desatascar el queso de bola que tengo por cerebro) y me ha salido esto. ¿Será casualidad? Un insecto atrapado en ámbar desde el Cretácico - porque lo digo yo, que para eso lo he parido. Quizá lleva 90 millones de años ahí dentro, suspendido e inmóvil. Aquél que contempló a los tiranosaurios y los pterodáctilos, que escapó de las lenguas viscosas de los reptiles, que evitó las mandíbulas peludas de arañas del tamaño de gatos, puede terminar siendo un pisapapeles en el despacho de un bufete de abogados de - pongamos por caso - Albacete. Prefiero imaginarlo en la mesa de un laboratorio del Museo Smithsonian, que es mucho más chic. No parece un mal destino para un insecto. Tirando del hilo, descubro que el 27 de julio de este año se dio a conocer la noticia del hallazgo de una gran cantidad de ámbar del Cretácico en Cantabria, en la cueva de El Soplao (qué estilo tenemos para nombrar a las cosas por estos lares). Se le atribuyen gran cantidad de poderes curativos y espirituales - al ámbar, no a la cueva -, de los cuales debo confesar que no tengo constancia. Pero es un material muy interesante, y de indudable belleza (bueno, en mi dibujo no tanto).
Supongo que se nota que hoy no ando muy fino, así que lo voy a ir dejando. Pensaba hacer una profunda reflexión acerca de seres atrapados en sustancias semitransparentes y antaño viscosas, pero luego lo he meditado y he decidido posponerlo sine die...
Tras el 6-1 del Barça al Atleti, no queda mucho por decir. ¡Ánimo, colchoneros!
Buenas noches y totus tuus.

jueves, 2 de octubre de 2008

Homo creator (el que se aburre es porque quiere)

Hay dos cosas que hago desde que tengo recuerdo: tocar instrumentos y dibujar. Creo que aún conservo algunos folios de apuntes del colegio, en los que los dibujos de los márgenes cada vez iban ganando más terreno al texto. Y conservo esa costumbre de garabatear en cualquier papel, mientras hablo por teléfono, pienso o espero en cualquier circunstancia. No sabría describir de dónde proviene el placer que indudablemente experimento al hacerlo. Es un proceso casi automático, y normalmente comienzo el trazo como estas entradas, sin saber lo que va a salir. Y sin que me importe el resultado. Curiosamente, he pasado algunas épocas relativamente largas de mi vida sin dibujar ni hacer música. Pero siempre vuelvo. Es como lo de escribir. Gracias al blog he recuperado la costumbre, y ahora se ha convertido en un excelente medio de sacar a la luz (más o menos pública) los mejunjes que se me van cociendo entre sinapsis. Y en esta reflexión descubro que, básicamente, el impulso en los tres casos es el mismo, o muy similar. Dibujar, tocar y escribir son tres formas de expresión diferentes pero que responden a una necesidad bastante indescifrable. Quiero decir que lo hago aunque sepa que nadie lo va a ver, escuchar o leer. Pero también siento el deseo de compartirlo, porque eso sí es algo que experimento como una necesidad. Supongo que es el impulso creativo, pero reconozco no comprender a qué obedece. El gran José Antonio Marina habla con frecuencia de dicho impulso creador: "La creatividad nos permite descubrir posibilidades nuevas en la realidad, aumentar, pues, nuestros poderes. Consiste en hacer que algo valioso que antes no existía, exista". Es una definición magnífica. Discernir si lo creado es o no valioso es un asunto más delicado. Pero no me cabe duda de que esa pulsión, ese arrebato dulce que empuja a blandir el lápiz o el instrumento musical nos conecta con áreas del ser que se escapan al análisis racional, y que nos liberan de ciertas ataduras terrenales para conducirnos a paisajes del espíritu. Es una mecánica que se rige por sus propias leyes, ajenas al mundo material, pero absolutamente necesarias para la supervivencia. En ningún momento de la Historia, por terrible que haya sido, ha dejado el ser humano de crear. Por algo será.
A veces, cuando garabateo, me siento como un habitante del Paleolítico en su caverna. Quizá no hemos evolucionado tanto como creen algunos...
El libro "The Art of Persian Music" comienza con una cita de Nietzsche (en inglés): "Without music life would be a mistake".

No me resisto a terminar esta entrada sin recomendaros que leáis el comentario anónimo a la entrada anterior. Amén.

martes, 30 de septiembre de 2008

Yo tampoco lo entiendo

Borracho como una cuba va el poeta, borracho de las palabras que le caen de los bolsillos, que le arrastran, que le cuelgan a jirones. Ebrio de luces, de fuegos, de tormentas rojas, de granadas abiertas, de lo que se aleja sin hacer ruido. Se tambalea como una botella, y rueda por la pendiente de un volcán hasta hundirse en el magma ardiente, y sale despedido como ceniza y piedra negra. Vuela, dejando una estela de humo que se hace versos y se deshace enseguida, sin dejar más huella que un recuerdo atónito. Se le abraza el olvido a las piernas, tropieza y se levanta, cierra los ojos y escucha un batir de alas premonitorio: ahí llega de nuevo, la palabra que odio, la que no encaja, la que no da sombra, la que urde traiciones, la que engaña, la que flota inerte en el hueco del tiempo que se ha ido. "No me sirve" - piensa -, aunque obstinadamente se repite el eco y es su voz la que murmura. "Y para qué" - pregunta -, mientras la luz se apaga y se adormece el mundo y su locura cotidiana. "Jamás" - repite -, sabiendo que la derrota es inminente, que volverá a batirse en retirada, que la palabra arde aunque te escondas. Quemado por su fuego el corazón se abre, y de sus pétalos licuados brota el verso, inflamado y frágil, peregrino perdido entre tinieblas. "Ya no hay más" - solloza -, pero calla y espera. Sabe que ese temblor es pasajero, que los versos se llaman y se abrazan cuando nadie los mira, y nacen los poemas con el alba o el mar o el ladrido de un perro en la distancia.
El viento se estremece en las ventanas. Es otoño. Octubre está en la puerta suspirando. Me asomaré a la vida mientras pueda y gritaré que estoy desnudo y vulnerable. Sólo se oirá una voz que apenas dice: no quisiera morirme sin haber vivido.

lunes, 29 de septiembre de 2008

¿Y tú me lo preguntas?

Creo que me he metido yo solito en un pequeño lío, porque acabo de darme cuenta de que en la anterior entrada dije que en la próxima (o sea, en ésta) hablaríamos de poesía. Y ocurre que estoy muy cansado y no sé lo que pueda salir de aquí. Pero bueno, lo intentaré.
Sólo quería decir que la poesía es necesaria. El ser humano necesita la palabra, y más aún la belleza hecha de palabras. Construimos el mundo con ellas, nos contamos la vida, rellenamos los vacíos y rescatamos los recuerdos. El silencio vibra con los ecos de las sílabas que intentamos acallar, y que sin embargo se obstinan en sonar como redobles de tambores ocultos. La conciencia son palabras de piedra erosionada por las aguas del pasado queriendo hacerse presente. El amor son dos versos con las letras mezcladas. Incluso en el sueño nos hablamos con frases de extraño significado.
Quizá no sirva para nada, la poesía. Pero es necesaria. A veces la verdad sólo se revela poéticamente, porque de otro modo sería imposible mirarla sin quedarnos ciegos, o convertidos en estatuas de sal. La belleza nos libera de la esclavitud de lo real, porque es Real. Lo demás es una sombra.
Por hoy no puedo más. Así que me despido, dando las gracias a los grandes poetas.
Y claro, con un poema.

El ángel desconocido

¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era...
Miradme.

Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe cómo fui.
No me conocen.

Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.
Dime quién soy.

Y, sin embargo, yo era...

Miradme.

Rafael Alberti ("Sobre los ángeles")

jueves, 25 de septiembre de 2008

La vida es una tómbola (vaya por Dios)

Ahora que estaba cogiendo carrerilla con el tema del LHC (ya sabéis, el gran colisionador de hadrones - hay que reconocer que el nombre impone respeto -) va y se estropea. Se prevé que vuelva a funcionar en abril, así que el año que viene la primavera nos traerá, aparte del florecer y las lluvias, unas partículas elementales en colisión múltiple. Lo que nos quedará por ver... El caso es que llevo unos días enfrascado en actividades intelectuales bastante peregrinas, y no sé si es por eso o por otra cosa, pero me hallo en estado de coma flotante. Para ser más claro, que la sensación de que cuanto más sé, menos sé, comienza a ser de lo más cotidiana. Mis peculiares circunstancias actuales han tenido como efecto colateral una suerte de alejamiento de mí mismo, de modo que me encuentro a menudo en lo que podríamos describir como un viaje astral, pero sin viaje. No sé, tengo la sensación de que no me estoy explicando demasiado bien... Pues eso, que miro a la vida y me digo: ¿seguro que esto es como nos lo habían contado? Pues me parece bastante raro.
Vale, reconozco cuando estoy espeso como puré de lentejas. Leo esta mañana una entrada en el blog del MIT (véase barra lateral) hablando del estrés y los babuinos, pero decido no sacar conclusiones.
Y para que vuestra visita de hoy no sea en balde, reproduzco un poema del maestro Aleixandre:

SILENCIO

Bajo el sollozo un jardín no mojado.
Oh pájaros, los cantos, los plumajes.
Esta lírica mano azul sin sueño.
Del tamaño de un ave, unos labios. No escucho.
El paisaje es la risa. Dos cinturas amándose.
Los árboles en sombra segregan voz. Silencio.
Así repaso niebla o plata dura,
beso en la frente lírica agua sola,
agua de nieve, corazón o urna,
vaticinios de besos ¡oh, cabida!,
donde ya mis oídos no escucharon
los pasos en la arena, o luz o sombra.

Y el próximo día hablaremos de poesía.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Un mozquito en la mezquita

Lamento este periodo de sequía, pero asuntos de fuerza mayor me han impedido acudir a nuestra cita bloguera como hubiera sido mi intención. Es más, tampoco hoy me voy a extender demasiado, más por falta de energía que por otra cosa. En realidad sólo quería dejar constancia de que volveré a postear (creo que se dice así) y a poner imágenes varias. En esta ocasión se trata de la Mezquita Azul de Estambul, en un atardecer de agosto de 1998. Nada que decir.
Por lo demás, comentar brevemente que voy haciendo interesantes descubrimientos acerca del comportamiento humano - sobre todo del mío - y no dejo de asombrarme. Si tuviera que resumirlo en una frase, probablemente elegiría el título de un libro de Rafael Alberti: "Yo era un tonto, y lo que he visto me ha hecho dos tontos". Vale, habría que matizar un poco, pero puede servir como adelanto. Nada trágico, por otra parte. Pero sí muy aleccionador.
En fin, siento dejaros un poco así, como haciéndome el misterioso, pero ya pondremos fin a este capítulo. De momento es lo que hay.
Hasta pronto y sed felices, que merece la pena.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

¡Deeebajo un bosón, són, són...!

Si estáis leyendo esto es que todavía no ha llegado el fin del mundo. Parece ser que había quien estaba convencido de que la puesta en marcha del nuevo LHC iba a suponer la destrucción del planeta - más bien su desaparición - engullido por un agujero negro del tamaño del ala de un mosquito (y tal vez exagero). Me temo que Nostradamus ha vuelto a patinar. El caso es que la inauguración ha sido un éxito, porque unos protones han recorrido 27 kilómetros de túnel en una hora, más o menos. Dicho así no suena muy espectacular, pero los científicos saltaban y aplaudían llenos de júbilo. Y es que los pobres no tienen mucho que celebrar, en general. En el enlace de más arriba podréis encontrar mucha y magnífica información sobre el susodicho Aparato. El mundo de la física de partículas anda revolucionado. ¿Se detectará el Bosón de Higgs? ¿Se vendrá abajo toda la teoría del Big Bang, de las fuerzas elementales, del origen del universo? Pronto lo sabremos... o no. A ver si por querer descubrir cómo empezó todo, nos encontramos con cómo termina todo. Sería la paradoja perfecta. Pero sería la última.
De todas formas, no debería preocuparnos en exceso la posibilidad de una eventual destrucción del planeta. Si llega, no hay salvación posible. Y si no llega, pues todo sigue igual. ¿Qué precauciones podríamos tomar? ¿Hoy no salgo a la calle, no vaya a ser que el mundo sea absorbido por un agujero negro y me pille sin paraguas?
En cualquier caso es bueno que, aunque sea por un día, en la calle se hable de hadrones y no de ladrones, de partículas elementales y de las fuerzas invisibles que cohesionan el universo, en lugar de la carnaza con que habitualmente se llenan los telediarios. Y mientras llega el fin del mundo (si es que llega), procuraremos mantener la calma y hacer las cosas lo mejor posible, y aportar algo de belleza y amor a los que nos rodean: con un poco de suerte, cuando ya no quede nada, aún se podrá sentir como un murmullo el latido de los corazones que se amaron, y es posible que de ahí surja un nuevo universo tan misterioso como este...

Donde dije digo, digo cualquier otra cosa

He dudado un poco - sólo un poco - antes de hacer esta entrada. Hace apenas dos días que puse el punto y final, y aquí estoy de nuevo, qué poca formalidad. Pero después he pensado que para qué tanto reconcome, si de todas formas todo el mundo hace y deshace a su antojo y nunca pasa nada.
Lo que no sé es hacia qué territorios derivarán los futuros contenidos de esto-como-quiera-que-se-llame. He de suponer que seguiré filosofando (¿se dice así?), aunque yo lo llamo de otro modo. Cuando el sabio señala la luna, el mono se queda mirando el dedo. (Por cierto, el sabio no soy yo -el mono, muchas veces).
Y me seguiré mojando, porque no sé hacer las cosas de otra manera. Y allá los cobardes desde sus trincheras. Y no estoy tirando a dar, sólo lanzo las piedras al aire, y a ver dónde caen. Y me da igual la indiferencia, el desprecio y la admiración. Son caras diferentes de la misma moneda - sí, una moneda con más de dos caras... qué raro. Y cuando digo que me da igual no digo que no me afecten. Pero eso lo dejo para otra ocasión. Al final no se va a entender nada de lo que escribo, pero no importa. Casi nada importa de verdad. Y a casi nadie le importa lo que de verdad importa. Pero eso tampoco importa. De verdad.
Somos el puñetero misterio de este universo. Con lo fácil que es quedarse calladito.
Hala, ya está. Ahora, a dormir.

domingo, 7 de septiembre de 2008

¡Campaaaaaana y se acabó!

"Morir antes de morir". Una frase que para muchos sólo es un enigma, metafísica para ociosos como yo. Un paso necesario, para algunos. Lo siento, de verdad, pero me cansé de ser el pim-pam-pum del universo. De verdad que este blog sólo pretendía ser un espacio para compartir, para salvar las barreras del espacio - y del tiempo, si me apuran. Una ventanita al mundo. Pero está claro que es demasiado expuesto. Antes de señalar a los demás con el dedo es conveniente mirarse un minuto al espejo.
Así que para dar la razón a quienes llevan tiempo empeñados en que odio al mundo y sus habitantes, que me creo superior a toda la humanidad (y el más listo de la clase), me rindo. Echo el cierre a este nido de egolatría y el que de verdad tenga interés en saber de mi vida, que me llame o me mande un mail.
Qué lástima, no puedo borrar mi vida desde que nací hasta el día de hoy.
Perdón por no ser perfecto. Es de fábrica.
Hasta nunca.
P.D.: Ya no contesto más comentarios.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Erre que erre

Mis esperanzas de que este blog llegara a convertirse en un lugar de encuentro e intercambio se van desvaneciendo como una niebla. Qué le vamos a hacer. Quizá debería cambiar el enfoque, o tal vez plantear preguntas e interpelar directamente a los lectores: ¡Eh, tú!, ¿qué opinas de esto? ¿Te parece normal tanto dislate junto? ¿Crees que tanto rollo sirve para algo? Pues deja tu mensaje después de oír la señal. Supongo que pensaréis: Ya está éste otra vez quejándose de que no hacemos comentarios. Que no, que no es una queja, es sólo un anhelo. Pero no pasa nada, ya me encargo yo de buscar nuevos alicientes para animarme a seguir publicando entradas. Aunque a veces sean como la de hoy, más bien vacía de contenido. Es como cuando llamas a un amigo para preguntarle ¿qué tal?, a pesar de haber hablado con él dos horas antes. Será la soledad, digo yo.
Pues eso, que ahí os dejo el dibujo del señor paseando a su perrillo, y aunque no se aprecia, os digo que van hablando de sus cosas - bueno, uno habla y el otro escucha. A lo mejor por eso dicen que es el mejor amigo del hombre. Y ahora que lo pienso, puede ser que el que habla es el que parece que escucha, y viceversa. De verdad, si lo que nos sobra son palabras... (Que me lo digan a mí).
Gracias por estar ahí, donde quiera que estéis.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Pajaritos y pajarracos

"De ilusión también se vive" y "No te hagas ilusiones" son dos frases hechas que delimitan un territorio crucial para el devenir humano. Por eso hoy quiero hablar de la ilusión - o ilusiones - en mi declarado y conocido intento de encontrar un camino hacia la felicidad. Para empezar, una aclaración fundamental, para la que recurro una vez más al DRAE. Ilusión: 1. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. 2. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo. O lo que es lo mismo, que hay una ilusión que es como una alegría anticipada, y otra que viene a ser un sustituto de la realidad.
El mundo es una fábrica de ilusiones, y los medios de comunicación el escaparate perfecto para su venta. Sería imposible repasar los infinitos modelos de ilusión, así que trataré de centrarme en los que me parecen más "peligrosos". Una de las ilusiones más extendidas - y más dañina - es la ilusión del control. Me refiero especialmente al control de la propia vida. Empezaré con un ejemplo. Yo puedo controlar mi estado físico, llevando hábitos de vida saludables - alimentación equilibrada, ejercicio moderado, no fumar, etc. Además puedo pasar revisiones médicas periódicas, vigilar la tensión y el colesterol y cosas así. Todo ello me ayudará a ser más resistente a la enfermedad, menos vulnerable, a vivir más sano. Pero no me hace inmune, ni me libra categóricamente del cáncer, el catarro o las alergias. En el resto de los aspectos de la vida, la posibilidad de control es mucho más remota, porque el mundo nos obliga a la constante interacción con los demás, y cada contacto modifica - o puede hacerlo - nuestros planes, intenciones o actitudes. Para sostener cualquier ilusión, nos vemos obligados a suprimir de nuestro horizonte aspectos de la realidad, porque ningún plan humano es capaz de encajar las múltiples piezas que conforman la existencia. Así pues, cualquier intento por controlar nuestra vida nos llevará a una visión distorsionada - y por lo tanto, falsa - de la realidad. Y continuando con la comparación inicial, en el caso de la salud contamos con unas pautas casi universalmente aceptadas, que nos proporciona la ciencia médica. Que el tabaco es malo para la salud no es una opinión, sino un hecho científico demostrado. Pero ¿con qué mimbres tejemos el cesto de nuestros mundos privados? ¿Qué pautas podemos seguir con una mínima garantía? No digo que no existan, sólo que es mucho más difícil encontrar y reconocer las realmente valiosas. Tal vez sea opinable, pero parece mucho más inteligente aprender a discernir lo real de lo imaginario, y así tratar de vivir en lo real desde lo real. Una visión realista de la vida no implica, ni remotamente, un hiperpragmatismo o la carencia de ilusiones. Por el contrario, de esta forma las ilusiones se sostienen sobre expectativas razonables, lo que les proporciona una mayor probabilidad de éxito. Si la ilusión se construye a partir de una visión falseada de la realidad, sólo quedan dos salidas: mantenerse perpetuamente en la ilusión - es decir, vivir una vida falsa - o encontrarse, inevitablemente, con la desilusión. Dos fórmulas perfectas para la infelicidad.
La vida no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de lágrimas. Podría ser, acaso, un valle de rosas regadas con lágrimas, que a veces son de alegría y a veces de dolor. Si el infierno son los otros, también pueden ser el paraíso. "La verdad os hará libres" es, sin duda, la mayor verdad, pero nadie dijo que fuera fácil. Y cuanto más nos alejamos de la realidad, más lejos estamos de nosotros mismos y de la felicidad.
Hubo un hombre que, buscando protegerse de todo aquello que no le gustaba de la vida, construyó un castillo inexpugnable y se encerró en su interior. Tan inexpugnable era su fortaleza, que las personas que debían suministrarle los alimentos no consiguieron encontrar la entrada. Aquel hombre murió de hambre y soledad, esperando un enemigo que, por cierto, nunca apareció.

martes, 2 de septiembre de 2008

Paréntesis

Cedo esta noche la palabra a Hafez, poeta persa nacido en Shiraz alrededor de 1320.

Tiene un porqué

Si duerme aquel narciso hechicero, tiene un porqué.
Si su bucle en ondas se deshace, tiene un porqué.

Tu labio vertía leche, y yo decía:
esa dulzura junto a aquel salero tiene un porqué.

Tu boca es fuente de agua de vida, mas
debajo de tu labio, el hoyo de tu mentón tiene un porqué.

¡Mil años vivas!, digo, pues sé de cierto
que en tu arco la flecha de tu pestaña tiene un porqué.

Dolor de separación y pena de sufrimiento te han puesto enfermo,
oh corazón, ese grito tuyo, ese lamento, tiene un porqué.

Por el jardín pasó anoche el viento de sus dominios,
oh flor, tu vestidura rasgada tiene un porqué.

Aunque el dolor del amor oculta a la gente el corazón,
este llanto de tus ojos, Hafez, tiene un porqué.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Laberintos de cristal

Como quiera que parece haber un impulso interior que me lleva a meterme en berenjenales sin fin, esta noche me pongo al teclado para hablar, creo que por segunda vez en este blog, del amor. Y es que, no sé muy bien por qué, me ha dado por consultar nuestro querido DRAE, (supongo que para ver si me entero por fin de algo) y me encuentro con la siguiente definición: Amor: 1. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
"Partiendo de su propia insuficiencia". Fascinante matiz. Supongo que los señores académicos pasan demasiado tiempo encerrados entre libros y cartapacios, y claro, pierden el contacto con la realidad. Salga usted al mundo y diga que parte de su propia insuficiencia. ¿Insuficiente yo? ¿Pero usted qué se ha creído? "Yo" nunca es insuficiente. De hecho es tan suficiente que le acaba sobrando casi todo lo demás. ¿Sólo me lo parece a mí, o vivimos en una sociedad en la que mostrar una mínima vulnerabilidad es poco menos que una condena al destierro? "Yo" nunca se equivoca, y si lo hace, la culpa siempre es de otro. Exigimos la perfección ajena con la misma desfachatez que justificamos nuestra imperfección. Tratamos - en vano, os lo aseguro - de crear entornos personales que nos mantengan inmaculados, a salvo de cualquier contratiempo. Todo un gigantesco engranaje comercial-económico-publicitario nos ofrece mil y una fórmulas para allanarnos el camino... ¿hacia dónde?
Hacia el paraíso terrenal, ese espejo mágico que siempre te devuelve una imagen perfecta, escondiendo las ojeras, las arrugas, las canas, la miseria moral, la mezquindad, la cortedad de miras, la falta de perspectiva... ¿Con qué cara te presentas ante alguien diciendo: "Tengo defectos, soy vulnerable, me equivoco, sólo soy humano? Y ahí viene la segunda parte: "...necesita y busca el encuentro y unión con otro ser". O sea, que no sólo eres insuficiente, sino que además necesitas al otro. ¿Para qué, entonces, tanto libro de autoayuda enseñándonos que todo está a nuestro alcance, sin más auxilio que (qué casualidad) el libro que tienes entre las manos? No deja de ser curioso que, en la época de la Historia en que la posibilidad de comunicarse y compartir ha alcanzado cotas inimaginables, el resultado sea un individualismo feroz, una despiadada carrera hacia la autosuficiencia, un incansable ascenso hasta lo alto de nuestras particulares torres de marfil. Y aquí está el puñetero diccionario, diciendo que el amor implica aceptar tus limitaciones y las del otro, y reconocer tu necesidad de compartir hasta el punto de alcanzar la unión con el otro ser.
Así nos va, persiguiendo quimeras y lámparas de Aladino, mientras la Vida y el Amor pasan a nuestro lado como una brisa casi imperceptible.
Y a pesar de todo, tratando de seguir adelante sin arrastrar los pies, con alegría y dignidad.
Será que parto de mi propia insuficiencia. Quién sabe.

sábado, 30 de agosto de 2008

De rama en rama


Estaba dispuesto a hacer una larga entrada, comentando algunos de los mecanismos mentales que nos convierten con frecuencia en un cruce de Neandertal y Barbie (o Ken), cuando me ha venido a la memoria un cuento que lo resume de manera magistral. Lo tomo prestado, respetuosamente, de un tesoro bibliográfico: "Cuentos de los derviches", de Idries Shah. Como decían los latinos, "Intelligenti, pauca".

Cómo atrapar monos

"Había una vez un mono al que le gustaban mucho las cerezas. Un día vio una cereza de aspecto delicioso, y bajó de su árbol para recogerla. Pero sucedió que la fruta estaba en una botella de vidrio transparente. Después de algunos intentos, el mono se dio cuenta de que podía apoderarse de la cereza metiendo su mano por el cuello de la botella. Tan pronto hubo hecho esto, cerró la mano sobre la cereza; pero entonces vio que no podía retirar el puño sujetando la cereza, pues era más grande que la dimensión interior del cuello.
Ahora bien, todo estaba premeditado, pues la cereza en la botella era una trampa tendida por un cazador de monos, que sabía cómo piensan éstos.
El cazador, oyendo los quejidos del mono, se acercó. El mono trató de huir; pero como creía que su mano estaba atascada en la botella, no pudo moverse con suficiente rapidez para escapar.
Pero mientras pensaba, seguía reteniendo la cereza. El cazador lo alzó. Luego golpeó al mono vivamente en el codo, logrando que éste soltara repentinamente la fruta.
El mono estaba libre, pero había sido capturado. El cazador había usado la cereza y la botella y aún conservaba ambas."

Y el que no se haya sentido mono, que levante la mano... si la puede sacar antes de la botella.