miércoles, 31 de diciembre de 2008

Apoteosis del batiburrillo, o el año que se acaba

¡Que no cunda el pánico! No me ha dado un ataque de ego, aunque admito que lo parece. Lo que ocurre es que ando escaso de material gráfico, y voy tirando de donde puedo. Y como no me sentía capaz de hacer un resumen cabal de este año sin caer en las recurrentes y desgastadas lamentaciones, y me he propuesto empezar 2009 con otro espíritu, he decidido gastarme esta inocente broma fotográfica. Que viene a ser un mosaico de las fases lunares pero con mi propia faz. Honestamente, creo que doy más risa que miedo. Esa era la intención. Lo que hace uno para no ponerse demasiado trascendental... Cualquier cosa con tal de enfrentar los días que nos aguardan con el ánimo bien dispuesto, con la voluntad firme de hacer las cosas cada día mejor, con el profundo deseo de superar los altibajos de la vida con alegría, con el anhelo genuino de ir encontrando el camino a la felicidad. Despacito y con buena letra. Y no quiero despedirme sin agradecer de corazón a todos los que habéis visitado este blog, especialmente a los amigos y asiduos, a los perseverantes, a los comentaristas, a quienes me han ofrecido un hombro en el que llorar y me han dado patadas en el culo cuando ha hecho falta, a los que habéis querido compartir este espacio abierto y un poco raro - para qué negarlo. Sólo espero que algún día podamos tomarnos un cafetito juntos, en el mundo real. Mientras tanto, aquí siempre tendréis vuestra casa.
Y si esta noche bebéis más de la cuenta, que sepáis que mañana tendréis resaca. Luego no digáis que no lo advertí. Y para terminar, un poemilla rescatado del olvido, casi.

¡Qué nubes de qué cielos
derramarán su lluvia en qué horizontes!
¡Qué iluminadas rosas
licuarán su perfume en qué cabellos!
¡Qué anémona candente
arderá en qué profundo mar de fondo!
¡Qué vientos o qué fuegos
doblegarán qué vidas temblorosas!
¡Qué tierras o qué lodos
sepultarán qué días o qué sueños!
¡Qué dulce despertar
esperará a qué amargo adormecerse!
¡Qué corazón amante
recibirá en su seno
al corazón amado!

Besos para todos, y que la Fuerza os acompañe.

martes, 30 de diciembre de 2008

As time goes by...

Quedan apenas 24 horas para que termine el año. Es el tradicional momento de los balances y los buenos propósitos, de los deseos de prosperidad y de alimentar las esperanzas para el futuro. Sin embargo, esto de las fechas señaladas siempre me ha llamado la atención. Parece que necesitemos constantes puntos de referencia para recordar todo aquello que consideramos significativo. El día del padre, de la madre, de los enamorados, del nacimiento de Jesús, de su muerte, de su resurrección; el día del trabajo, de la constitución, de la patria, de los inocentes, de todos los santos... Los aniversarios y los cumpleaños. Y así con todo. Como dice Battiato en una canción: "Yo quiero vivir en el presente, para siempre". Pero aprovecho la ocasión para hablar del paso del tiempo. Y por eso traigo esa curiosa foto, en la que me autorretraté en plan Matrix con mi flamante Lomo de cuatro objetivos mientras subía - o bajaba - en ascensor. Afortunadamente, cuando se abrieron las puertas no me esperaban cincuenta tipos con traje negro disparando como demonios, ni tuve que correr por las paredes vaciando cargadores de metralleta - qué más quisiera. De hecho, seguramente iba a comprar el pan. Lo curioso es que la susodicha cámara tiene cuatro objetivos que se abren secuencialmente, lo que significa que entre cada imagen hay una diferencia de milésimas de segundo. Entre la primera y la cuarta puede haber transcurrido un segundo. El tiempo pasa y todo cambia. ¿Cuántos pensamientos pueden cruzar por nuestra mente en un segundo? ¿Cuánto tardamos en tomar una decisión trivial - comprar primero el pan y luego el periódico, o viceversa? ¿Cuánto en cambiar de ánimo? Y la foto es de hace dos años. Me miro y me reconozco, pero sólo en parte. Muchas cosas han cambiado, y ahora soy y no soy el mismo. Empieza un año nuevo, pero eso sucede cada día. Aunque entiendo que 4.380 uvas anuales pueden ser demasiadas (si es cierto lo de Italia y las lentejas, no quiero ni pensarlo). Y luego está lo de los buenos deseos. ¿Sólo amamos al prójimo en navidad? Si estas fechas nos despiertan sentimientos amorosos, ¿el resto del tiempo están dormidos? Es todo un poco raro. No soy enemigo de estas fiestas, pero no estaría mal que pudiéramos celebrar, todo el año, el día del respeto universal, por ejemplo. O de la dignidad. O del Amor, sin más. Pero bueno, eso es cosa de cada uno. Yo ya tengo mi lista de propósitos para 2009... Pero es que lo tengo muy fácil, es la misma de todos los años. Es como el Día de la Marmota...
Como regalo anticipado de Reyes (ese día sí que mola), añado unos enlaces muy interesantes.
Hasta mañana o pasado.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Papel mojado


Mientras continúan las cumbres borrascosas y el viento gélido e inmisericorde barre mis neuronas alegremente, daré la palabra a Bahauddin Valad (1152-1231), padre de Mevlana Jalaluddin Rumi.

"Someone asked me what is the knowing I speak of and how does love I mention feel. I said if you don´t know, what can I say? And if you do know, what can I say?
The taste of knowing love has no explanation, and no account of it will ever give anyone that taste."

Y más:

"God buys the essence you offer in exchange for the Garden of Eden (9:111)
I buy your kindness, your unselfish impulses, not those around you. Did you expect them to be interested? Do you want two buyers, myself and others? Whatever you do to be popular is a waste of time. They see, then turn away. Does that make you sad? Don´t be. I am the only buyer you will ever have."

Y por si fuera poco:

"By the One who set the earth with rivers pouring through in mist below the mountains, and two oceans with a strip of land between (27:61), we move the elements into various shapes without their consent, but human beings, unlike the water and trees, have a choice. They are given dignity, discernment, and the evolutionary wisdom that can move from death to new life, again to die and be restored on another level of existence. You have many choices about the ways you live and work and change and survive. Say you fall into an ocean. You may give up and sink, or you may try to swim to shore. Salvation is your decision."

Amén y buenas noches.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Desde las cavernas

Como muy bien saben los que leen religiosamente este blog (y digo religiosamente porque antes se encomiendan a todos los santos por lo que puedan encontrar), los últimos días andaba considerablemente alterado, o dicho coloquialmente, pabajo. Tras hacer una de esas entradas incendiarias y recibir los correspondientes capones, decidí que había llegado el momento de remontar, y no se me ocurrió nada mejor que comprarme una película de oferta: "One Million Years B.C.", o lo que es lo mismo, "Hace un millón de años". Obra emblemática el género "Cine prehistórico con mujeres macizas", protagonizada por Raquel Welch en el año en que yo nací. Naturalmente, la excusa fue que los efectos especiales corrían a cargo del genial Ray Harryhausen, pero mi objetivo real era la contemplación de la espléndida Welch con su bikini de pieles. Sin duda alguna me estoy haciendo mayor, pero tengo que admitir que el saludable e ingenuo erotismo que destila Ella es infinitamente más sugerente que la mayoría de lo que hoy en día nos venden con el mismo propósito. Y me enternece y fascina al mismo tiempo el trabajo de Harryhausen, que a pesar de los años transcurridos revela una capacidad asombrosa para inventar mundos imposibles, desafiando las dificultades técnicas con imaginación y oficio.
Pero todo esto era una excusa para hablar de otra cosa. Hay una escena de la película en la que un hombre pinta animales en las paredes de una caverna, mientras un grupo de niños le observa. Dejando de lado el nulo rigor científico de la película - ni falta que le hace -, nunca he conseguido creerme del todo las teorías acerca del sentido exclusivamente mágico y ritual de las pinturas rupestres (nota: uno de los escasos sobresalientes que he sacado en mi vida académica fue con un trabajo para la facultad titulado: "Abstracción y figuración en el Arte Prehistórico"). Y lo que me pregunto es si los eruditos que han formulado dichas teorías han experimentado alguna vez la magia real de crear un dibujo, de hacer surgir del blanco del papel una figura, una forma que antes no existía. Porque ando estos días con los lápices en la mano, y no dejo de sentir ese entusiasmo, esa alegría casi infantil, esa felicidad interior que me proporciona el sentirme capaz de dar vida y presencia a un personaje que antes sólo era una idea vaga e imprecisa. Que un humilde lápiz y un papel puedan recrear seres, paisajes y sueños, que aparecen lenta y misteriosamente ante tus ojos. Y cualquiera que haya vivido esa experiencia sabe que el ser humano no necesita una finalidad utilitaria para ponerse a trazar líneas, manchas o puntos. Es un impulso profundo, el mismo que lleva a un niño a arrastrar un palo sobre la arena. Si luego cazaban un bisonte, pues mire usted qué bien.
¿Pero qué querían que pintaran? ¿El nacimiento de Venus? ¿El Jardín de las Delicias?
Bueno, es un tema apasionante, pero es un poco tarde y me fallan las fuerzas. Otro día continuaré. Pero antes de despedirme, quiero rendir tributo al
recientemente fallecido Robert Mulligan, director de "Matar a un ruiseñor". Benditos los que dejan una huella semejante a su paso por este mundo. Gracias y amén.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Más lluvia violeta, o maldita sea mi estampa...

Empezamos bien. Pensaba hablar de la pérdida de la fe - de la mía, quiero decir - y al repasar las virtudes teologales descubro que también carezco de las otras dos (la esperanza y la caridad, para los menos puestos en catolicismo). Vaya por Dios...
No pretendo hacer una entrada interminable, aunque lo cierto es que para hablar de fe habría que extenderse largamente, con objeto de siquiera establecer una definición compartida. Resumiendo, diría que la fe que yo he perdido es, sobre todo, en el ser humano, entendido como especie y extendida - la pérdida - a casi todos sus especímenes, incluyéndome a mí, naturalmente. La teoría apocalíptica de que el planeta acabará sacudiéndose de encima a la raza humana como un perro a las pulgas se mantiene en pie con firmeza. Y, sinceramente, no me inspira ninguna lástima. Imagino que estoy muy malito cuando no soy capaz de percibir a mi alrededor más que egoísmo e ignorancia - que vienen a ser la misma cosa. Ya dicen que la vida es un espejo que nos devuelve la imagen que proyectamos. Espléndido panorama. Mis queridos y bienintencionados amigos: esto es lo que hay. Y como además soy cabezota y me niego a sucumbir a las pastillitas de la felicidad, y mi estúpido sentido de la responsabilidad - pacientemente inculcado en un alma cándida como la mía cuando empezaba a asomarme a la vida - me empuja a no dejarme deslizar del todo por la pendiente, pues aquí estamos. Si estaré desesperado que hago entradas como esta contra mi voluntad. En serio, tanta idiotez me mata. Os admiro, de verdad, desde lo más profundo de mi corazón. Admiro vuestra fortaleza, vuestra determinación, vuestra capacidad de sobreponeros a las adversidades y zancadillas de la vida. Y vuestro empeño en acudir a este blog para no sé exactamente qué. Será la excitante experiencia de observar, desde la seguridad del ciberanonimato, a este bicho que se retuerce entre la angustia, la tristeza y el puro dolor de vivir. Ni esperanza, ni caridad. Panem et circenses.
Hacía más de un mes que no soltaba un exabrupto de este calibre. Pero la ruina ambulante en que me he convertido no da para más. Y mira que intento dar el pego, pero que no hay manera.
He agotado a los íntimos, y ya no me queda sino volcar en este triste foro el amargo veneno que me intoxica
.
No pasa nada, todo es mentira. Mañana leeré esto y me arrepentiré como un imbécil. Es hablar por no callar. Es que es domingo por la noche y no tengo a quién llamar para llorarle mis penas. Así de crudo. Pues eso, que ni os molestéis en comentar, que no vale la pena. Bua, pobre de mí, etc. Menudo rollo. Debería eliminar esta entrada, pero no lo voy a hacer. Así la podré visitar de vez en cuando para no olvidar lo tonto que soy, que luego te sube demasiado la autoestima y no hay quién te aguante. Para el que sepa de lo que hablo, es la historia del anillo.
Feliz Navidad, no obstante e incluso.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Regreso inesperado

Efectivamente, es él. Nuestro amigo el tigre triste, a quien dábamos por desaparecido, a quien imaginábamos agazapado en la jungla cerámica acechando a una gacela de Lladró, ha vuelto. Tal vez se ha acostumbrado a su apacible vida tras el cristal, a contemplar a los transeúntes en su cotidiano devenir. La larga privación de libertad a veces provoca la incapacidad de disfrutarla cuando se recobra. Uno no sabe qué hacer con ella, y el hábito de no tener a dónde ir reduce tu mundo al pequeño espacio que te rodea y que se convierte en todo tu universo. Al menos se ha producido un cambio. Ahora está en el suelo, tras la columna (en realidad es el pie de un velador), y pasa más desapercibido. No está tan expuesto a las miradas, y puede ocultar su tristeza a los ojos impertinentes de los paseantes ociosos. Supongo que no encontró su lugar en el Belén - posibilidad que apuntaba Chema en su comentario -, o quizá se comió al buey y le echaron a patadas. Y es que los tigres no entienden de navidades, que en la selva se oye más el tam tam que la zambomba, y cuando el hambre aprieta, primero se engulle y luego se pregunta.
Bienvenido, pues, al escaparate. Como en casa, en ningún sitio.

martes, 16 de diciembre de 2008

¿Susto, o muerte?

Es domingo por la tarde. Mientras llega la hora, me acerco a un escaparate a curiosear. Se aproxima la navidad, y ya se sabe, es tiempo de regalos. Veamos... No sé, no sé. El osito de peluche, con sus pies hipertrofiados, el post-it en la frente y ese tentador corazón pidiéndote un beso. O quizá la pistola, imitación casi perfecta. Es extraño, creía que los peluches tenían que despertar la ternura, pero a mí me da pena. Me parece un esclavo, esperando con la mirada perdida, tal vez ensimismado en sus pensamientos (por qué estos pies tan enormes, nadie querrá abrazarme, seguiré aquí mientras me cubre el polvo, hasta rebajado soy caro). La pistola, en cambio, es tan sólida, tan real. Permanece desafiante en su estuche, esperando pacientemente una mano que la sostenga, que la sopese, que acaricie su fría empuñadura. No tengo prisa, siempre hay alguien ansioso por sentir ese escalofrío inconfundible de quien tiene el poder de infundir miedo. Te encañono y te poseo. Yo mando. Tal vez atraque un banco, ahora que hay crisis. Qué subidón. Total, si sólo pillan a los pringaos...
Qué tiempos raros, qué paradojas, que desvarío colectivo. Me giro y nadie repara en mi cara de asombro. La perplejidad me acompaña donde quiera que vaya, y me hace sentir un poco fuera de lugar. El efecto medusa: blando y transparente, la vida me atraviesa y me deja temblando. Tengo que mirar hacia abajo para comprobar que los pies siguen pisando tierra firme. Menos mal. Bueno, y quién te manda mirar escaparates. Respiración, presencia, aquí y ahora. Ya pasó. Mira el mundo, ese engranaje, toda esa gente que sube y baja, que viene y va. A lo mejor alguno sabe incluso a dónde. Y como yo siempre voy perdiendo el mapa...
Ay. Tic, tac, tic, tac. La rueda gira. ¡Allá vamos!
(Perdón y buenas noches). Por decir algo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Primer dragón

Estaba claro que hoy la imagen sería la de un dragón. Tenía dos para elegir, y al final me he decidido por esta. Es una criatura curiosa, y ahora me doy cuenta de que guarda cierta similitud con mi querido ornitorrinco, pues también parece el resultado de una combinación de animales diversos. Desde tiempos remotos y en todas las culturas, de oriente a occidente, la figura del dragón aparece una y otra vez, con la particularidad de representar indistintamente el Bien o el Mal. Cabeza visible del inframundo, devorador de doncellas y víctima de santos con lanza, guardián y depositario de sabiduría y conocimientos secretos. Espíritu divino que habita en los bosques, símbolo del pecado y la herejía, deidad benéfica y protectora. ¿Qué es, en realidad, el dragón? Sin duda una figura sobrenatural, portadora de atributos misteriosos, un puente entre lo divino y lo humano, la intersección sagrada de un ángel y un demonio. Enigma, sortilegio, encrucijada, laberinto, oráculo, revelación, océano sin fondo, llamarada, vórtice. Quizá un espejo ondulante en el que queremos ver reflejados nuestros miedos o anhelos, la encarnación fantástica de lo que deseamos o tememos, el ser legendario en el que depositamos nuestros sueños o pesadillas.
El dragón está, como todos, escondido tras su máscara. Su realidad se escapa y se transforma, mutación prodigiosa, metamorfósis ígnea entre la luz y la tiniebla, un fuego negro, un humo rojo, una piedra que brilla, la huella del misterio que se oculta al ojo humano. Para el espíritu puro, la voz del dragón despierta los ecos de las verdades olvidadas. A veces en la noche se escucha su aliento como el rumor grave de un trueno lejano. Dichoso aquél que ve al dragón entre las sombras del sueño, quien siente el roce de sus alas, quien arde con su grito, quien penetra en su mundo invisible. Porque ya nada vuelve a ser lo mismo.

viernes, 5 de diciembre de 2008

No hay más acera que la que arde

Ya sé que dije que hablaría de ballenas, pero de momento habrá que esperar. A veces me pongo muy concienzudo, y no me apetece lanzarme sin la preparación suficiente. A lo que iba, que hoy me he encontrado con esto y le he hecho una foto. Y diréis - o al menos lo pensaréis - que vaya hallazgo, unas hojas caídas en otoño. Pues sí. La cosa es más o menos como sigue: voy caminando por la calle, y de repente algo me llama. En este caso es la luz. Ese sol casi rasante que arranca las texturas de lo que encuentra a su paso, que atraviesa las transparencias, que revela atmósferas microscópicas y colores improbables. Hay una geografía oculta en lo evidente, una topografía que se posa como un velo por encima de los objetos, que se superpone a lo que vemos como una piel finísima y volátil. No se distingue apenas, se mimetiza, se disfraza de nada para cubrirlo todo. Pero a veces su aroma se enreda entre los pies y te hace detener la marcha. Te paras. Te agachas, en plena calle, sin importarte quién te mira preguntándose qué habrás visto tú en esas hojas, mira que vaga gente rara por el mundo. Sabes que hay un misterio, y el misterio es la vida. Lo real es lo que tiene, que está ahí, sin más, y ahí está su grandeza, en su humildad. Durante unos minutos, el mundo entero se reduce a esas hojas caídas en la acera, al sol cuando se aleja y las empapa de color y sombras, a la áspera cuadrícula azulada del suelo, al instante detenido, al aire que te envuelve como un manto. Se le llama presente, porque es un regalo.
Por cierto: una vez más acuden las premoniciones. El tigre ha abandonado el escaparate. Quizá escapó en la noche, sabiendo que su imagen viaja ya por el mundo, y él es sólo una sombra que se pierde entre sombras.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Faltan dos, y Tristán

La foto es muy mala, pero me da igual. Y como este blog es lo que es, valga como intento de autorretrato: un tigre triste detrás de un cristal. Sin contar la aliteración, es un pobre análisis, desde luego. No deja de sorprenderme lo vulnerables que podemos llegar a ser a los estados de ánimo. Una digestión difícil, y llega el mal humor; amanecer lluvioso, y aquí está la melancolía; un verso afortunado, una sonrisa al vuelo, una ráfaga de viento, la baba del caracol, un trino o un gorjeo, una vieja foto, un recuerdo herido... Qué poquito hace falta para zarandearnos. Será que estoy sensible, o que se acerca la Navidad, o que me voy volviendo tonto - un poco más, quiero decir. Pero todos los días paso por delante de ese tigre de saldo, y la verdad es que me dan ganas de comprarlo, no sé si para darle la libertad o un martillazo. En su caso, puede que venga a ser lo mismo. Y ahora que lo pienso, en el mío también (sin que esté invitando a nadie a sacudirme con un mazo). Espero no ser el único que a veces tiene la sensación de haberse caído de la estantería, rompiéndose en mil pedacitos, y ahora venga, coge el pegamento y a recomponer el desastre. Luego pasa lo que pasa, que cuando terminas te miras al espejo y ves que la nariz no está en su sitio, que te falta un ojo, que esa oreja no es tuya, y así con todo. ¿Será la condición humana, o que estoy defectuoso? Es una pregunta retórica, se ruega no contestar.
Paciencia, bendita paciencia. En la próxima entrada hablaré de ballenas. De una ballena blanca, o mejor dicho de La Ballena Blanca.
¡Por allí resopla!