lunes 9 de noviembre de 2009

Van der Weyden y los neutrinos

Enrico Fermi, Ettore Majorana, Jalaluddin Rumi, Aldous Huxley, Albert Einstein, Kurt Gödel, Roger Van der Weyden. No es extraño que a veces tenga la sensación de que me va a estallar la cabeza en cualquier momento... Son muchos los llamados, pero pocos los escogidos. A ver si soy capaz de poner un poco de orden.
Todo comenzó en mi reciente visita al Museo del Prado. Cada vez siento con más intensidad la idea de que la vida es una inmensa red de hilos que se cruzan y conectan todo con todo. Si no te esfuerzas un poco por encontrar un centro, un eje, lo más probable es que uno de esos hilos te atrape y te arrastre hasta Dios sabe qué ignoto confín.
En parte por desorientación, en parte por deseo de reservar lo mejor para el final, llegamos a la sala donde se expone el Descendimiento de la Cruz de Van der Weyden tras recorrer gran parte del museo. Mientras la gente se amontonaba frente a El Jardín de las Delicias de El Bosco - lógico y encomiable, por otra parte - el Descendimiento se encontraba casi abandonado. Por alguna razón que ahora no recuerdo, había estado leyendo el día anterior acerca de Fermi y Majorana, ambos físicos italianos coetáneos y precursores en la investigación sobre la física de partículas. A ellos había llegado partiendo de los neutrinos, partículas subatómicas cuya masa es tan pequeña que apenas interactúan con las demás partículas, atravesando sin dificultad la materia. Y cuando digo materia quiero decir que a cada segundo somos atravesados por millones de neutrinos. Parece ser que los neutrinos podrían compartir con los taquiones la capacidad de desplazarse a una velocidad superior a la de luz, lo que sumado a otros factores ha llevado a la especulación ac
erca de la posibilidad de viajar hacia atrás en el tiempo.
Todo esto que suena a ciencia ficción nos lleva, a su vez, a Einstein y Gödel. Los dos grandes genios coincidieron en Princeton, se hicieron amigos y compartieron paseos y conversaciones. Gödel planteó una visión de la Relatividad que contemplaba los viajes en el tiempo, además de teorizar de un modo sorprendente acerca del concepto de infinito y de la capacidad humana de concebir dicho concepto. Gödel murió de inanición, porque a pesar de ser una de las mentes más brillantes del siglo XX, los últimos años de su vida estaba convencido de que iba a ser envenenado, negándose finalmente a comer. Majorana desapareció misteriosamente sin dejar rastro, especulándose con la hipótesis del suicidio, la fuga a Sudamérica y otras teorías más difíciles de creer - aunque no sé si menos probables. Tal vez el LHC nos aclare algo.
Aldous Huxley escribió, en 1954, Las puertas de la percepción. En esta obra habla de sus experiencias con sustancias alucinógenas - mescalina. peyote, LSD -, y el título está tomado de un poema de William Blake: "
Si las puertas de la percepción fueran abiertas el hombre percibiría todas las cosas tal como son, infinitas".
Jalaluddin Rumi (siglo XIII) hablaba con frecuencia de la danza de los átomos, y la famosa ceremonia del giro de los derviches representa, entre otras cosas, los átomos girando en sus órbitas, a semejanza de los planetas... ¡Oh, día, levántate. los átomos danzan, las almas henchidas de éxtasis bailan...!
Y de repente, con toda esa red de informaciones tratando de tejer un tapiz inteligible, me encuentro ante el Descendimiento. Contemplo
el equilibrio dinámico de su perfecta composición, los rostros del dolor y la compasión, los planos desplegándose con implacable precisión, la armonía sobrenatural de los colores... Y entonces algo empieza a encajar, y se formula el enigma: las partículas elementales de la belleza. Como un ejército, como una oleada insondable, los neutrinos de la pura Belleza atraviesan el espíritu del espectador. Viajando a través del tiempo, desde el siglo XV, las claves del arte inmortal resuenan en nuestro interior, como una réplica del arquetipo celestial cuyos ecos nos inundan en la contemplación. La sublime expresión plástica de la esencia humana se manifiesta en la explosión secreta de millones de partículas cuya existencia sigue siendo un misterio. El tiempo y el espacio se contraen y expanden en una danza oculta a nuestros ojos. La vida se recrea a cada instante y se revela a quien es capaz de abandonarse, de soltar las ataduras de este mundo y dejarse arrastrar, siquiera una vez, por uno de esos hilos de los que está hecha la existencia...

lunes 2 de noviembre de 2009

Las etiquetas del amor

Aviso: esta entrada, publicada originalmente en el blog clandestino de la salchichería Pepe, sólo puede ser interpretada correctamente por diseñadores de páginas web.

"El Párrafo (align left), acodado en la barra del bar, no podía apartar su mirada de aquella división rubia... Su índice z de nivel 3 habría hecho perder la posición absoluta a cualquiera, y sus serifas se curvaban insinuantes y tentadoras. Sin duda tenía las propiedades css más excitantes que pudieran imaginarse. Ah, si sólo tuviera el valor de referenciarla, sabía que después podría hacer con ella lo que quisiera... Unas líneas de JS y sería suya para siempre.
Pero entonces apareció ese estúpido y arrogante menú desplegable, con sus hojas de estilo de importación, oliendo a Ajax barato. Párrafo (align right) supo enseguida que había perdido la partida. En cuanto el menú comenzara a desplegar sus opciones en cascada, ella caería a sus pies sin remedio. Siempre la misma historia. Siempre perdiendo...
Rezando para que alguna función accediera a su visibilidad y le volviera hidden, Párrafo apuró su último trago de style, y abandonó el bar con la misma agridulce sensación de la ventana cerrada, dejando apenas su efímero rastro en una variable local que muy pronto quedaría machacada y olvidada para siempre.
"La vida es más random que otra cosa" - pensó mientras desaparecía entre capas cada vez más y más opacas...

lunes 19 de octubre de 2009

Eclipse

Como si todas las palabras del mundo pudieran salvarme. Cada instante vivido cae, como en un reloj de arena, la clepsidra que se vacía y se llena al mismo tiempo; las horas contadas, los días perdidos en la contemplación del firmamento, en la inacabable búsqueda de esa respuesta que siempre te evita. Que se esconde al otro lado del espejo, detrás de ese rostro que te devuelve la mirada aunque no quiera. Y quién es, por qué me mira con ese gesto entre cansado y furioso. Como un Dorian Gray desesperado en la añoranza de la belleza de un mundo que, en realidad, nunca existió. El ingenuo, el obediente, el sumiso. Él pagará su inocencia, encerrado en la celda más cruel, la habitación 101, donde aguarda la peor pesadilla. Mira los astros, las cosas pequeñas, lo invisible. Mira y no comprende.
Por eso hay que morir. Porque al final sólo estás tú, ¿verdad? Devastado, desnudo, insignificante. En este otoño en que el suelo se cubre de sueños abandonados, de restos de naufragios, de los viejos objetos inservibles que se te adhieren como una costra. Y los recuerdos, pesando como plomo, arrastrando una montaña con los dientes. Ese trueno lejano es tu voz de ayer que te persigue como un eco. Ese relámpago es la conciencia del presente, el látigo implacable, el ahora. Ese rayo te partirá en dos, arderás en su fuego, para ser la ceniza que se lleva el viento de la mañana.
Muerto o dormido, qué más da, abandonado, mudo. El silencio es un dulce abismo abriéndose a tus pies. Me quitas la palabra y no soy nada. Me la das, y soy menos aún. Si mis ojos pudieran decir, si mi corazón se detuviese un segundo, si todos los versos fueran una espada o un templo, o un mar oscuro.
Me doy la vuelta y ahí sigo. El aire sólido, estancado. Un aleteo breve, imperceptible. La sombra agazapada. Una música de fondo que nunca acaba. La coraza, la herida abierta, el miedo. El día esperando que la noche se vaya.
Y se irá, claro, pero siempre vuelve.

martes 22 de septiembre de 2009

Quisiera ser...

Hace tiempo hablaba aquí de la libertad del membrillo, que consiste básicamente en la no elección. Sé que suena paradójico, pero es así. Un membrillo - o un cardo - sólo puede ser eso, lo que es. No puede decidir, como un planeta no puede cambiar su órbita por un capricho o una elección propia. Su perfección radica en el cumplimiento estricto de un destino inapelable. Este cardo iluminado por el sol ha culminado su proceso de desarrollo para convertirse en todos los cardos, en la esencia misma de ser cardo. Y es, por supuesto, perfecto.
El ser humano posee el dudoso atributo del libre albedrío. Al nacer somos unos cachorrillos indefensos, con todo por aprender. Pero la gran diferencia es que no estamos necesariamente destinados a convertirnos en auténticos seres humanos. Quiero decir, completos, equilibrados, felices, plenos. Y es que podemos decidir, y lo hacemos constantemente, a cada instante. Todas las crías de especies animales alcanzan la plenitud aprendiendo los estrictos códigos de sus progenitores y misteriosamente guiados por el instinto de la especie. Si no lo hacen, la Madre Naturaleza acaba con ellos por alguno de los múltiples y eficaces métodos que ha desarrollado a tal efecto: depredadores, enfermedades, pérdida del territorio, etc. Y hay algo más importante: los animales - y las plantas - no piensan. No amanecen y se dicen: "Vaya lata, hoy tengo que volver a rastrear el terreno en busca de semillas, brotes o presas para alimentar a mis cachorros y garantizar mi subsistencia". Claro que tampoco tienen que pagar los plazos del televisor de plasma de 50 pulgadas que no les cabe en el salón y que se ve mucho peor que la tele vieja.
Así que nos toca decidir. Y es para toda la vida. Y nuestro instinto es bastante pobre, por no decir nulo, y por si fuera poco además lo vamos perdiendo desde que decimos gugu tata. Entre lo que nos enseñan y lo que aprendemos. Sin esa guía casi infalible, sin el mapa de la herencia de especie, nos perdemos constantemente. Unos más que otros, claro. Porque nos hicimos civilizados, y todo lo sencillo pasó a ser complicado. De hombres pasamos a ser ciudadanos, y después clientes. Esta crisis no es un accidente, me temo.
Total, que envidio al cardo y al membrillo hasta la médula. Así que vendo mi libertad, o la subasto al mejor postor. Ahora sólo necesito que alguien me riegue el tiesto de vez en cuando, salvo que mi destino sea agostarme o ser pasto de los pulgones.
Que sea lo que Dios quiera...

jueves 3 de septiembre de 2009

¡Alehop!

Aunque ya era demasiado tarde, comprendí que el tiempo es mentira. Los relojes, los calendarios, los intervalos, la duración. Todo falso. Lo perdurable y lo fugaz. Recordé haberlo leído en El Perseguidor, que de repente volvió a mi memoria como escrito en letras de fuego. Detuve mi mirada en las miradas de asombro que parecían sujetarme, o simplemente esperaban lo inevitable. Pero ellos seguían convencidos de la existencia del tiempo, y por eso apenas pudieron trazar la trayectoria que veloz se dibujaba ante sus ojos. En cambio yo pude detenerme a contemplar morosamente sus rostros llenos de espanto, o tal vez no era sino avidez, la adrenalina estallando como un volcán, la eléctrica e intensa emoción del trágico desenlace que, en el fondo, uno siempre espera. En los escasos quince metros - el espacio, otra ilusión burda y falaz - recuperé el aroma inolvidable de su pelo, la primera vez que la ví y me acerqué lo suficiente como para sentir la fragante y sedosa ondulación rubia que el sol hacía brillar como una hoguera en la noche. Y también las palabras formaron un mar, una espuma densa de significados que explicaban el mundo para hacerlo habitable, por más que ahora no llegaran a expresar un sólo átomo de verdad. Lo real estaba ahí, a punto de revelarse en su inconmensurable sencillez, tan transparente que es imposible verlo con los ojos abiertos, tan claro y explícito que la mente se detiene asombrada, incapaz de abarcarlo por un instante siquiera. Pero precisamente un instante - lo eterno, lo increado, lo preexistente - y la vida se transforma en muerte, en nada, en vacío, en el rostro invisible; la materia desintegrada, la cáscara, el envoltorio inerme; el misterio del alma, el espíritu puro, la rueda, el ángel de luz, la esfera.
El grito dio paso al silencio. Se llevaron el cuerpo, y yo lo veía como veía todo, cada aliento, cada lágrima, cada ínfimo temblor. Lentamente fueron abandonando la carpa, como cortejo fúnebre, los rostros contraídos, los ojos húmedos. Sentado en la cuerda floja, el último foco proyectaba, obstinadamente, la sombra de lo que fui. Pero yo ya no estaba allí.
Mañana habrá función, porque la rueda sigue girando.
Como si el tiempo existiera...

lunes 17 de agosto de 2009

Mentecatosis

El ser humano es, por definición, paradójico y contradictorio. Es algo esencial, al parecer, a su naturaleza. Forma parte del diseño, venimos así de fábrica, y con la decisiva influencia de nuestro entorno la tendencia se va fortaleciendo. Por ejemplo, la mente.
Es nuestra herramienta fundamental, lo que nos distingue como humanos. Y también, al mismo tiempo, nuestro peor enemigo. Creo que ya se ha comentado alguna vez en este blog lo difícil que resulta hablar de cualquier tema si antes no se han aclarado suficientemente los términos de referencia. ¿Qué es pensar? Un proceso mental. Hasta aquí de acuerdo, supongo. Pero ¿en qué consiste? Mi admirado José Antonio Marina explica todo esto muy bien en su Teoría de la Inteligencia Creadora. Siempre que se estudian los procesos mentales se llega, inevitablemente, a un callejón que, de momento, no tiene salida. O mejor dicho, del que no conocemos la entrada. Es esa tierra de nadie en la que la Ciencia pierde pie, en que unas hipótesis se apoyan sobre otras como única forma de avanzar. Porque no queremos resignarnos a aceptar el hecho de que es más lo que no somos capaces de comprender que lo que explicamos mediante nuestros sofisticados sistemas de investigación. Cada vez sabemos más de química cerebral, de axones y sinapsis, de dopamina, serotonina y endorfina. Pero cómo todo eso se transforma en un verso, en una idea, en una ocurrencia... Ahí está el vértigo de asomarse al abismo.
Y todo este preámbulo para hablar de la ilusión de la mente. Quiero decir, el espejismo que nos hace creer que somos nosotros los que manejamos la mente, y no al revés. Ése es el reto, el objetivo. Pero es un camino, y casi siempre una lucha. El ora et labora - tan olvidado hoy - es uno de tantos métodos para conducir al hombre a la anhelada libertad. Por eso el ser humano es paradójico, porque lo que le esclaviza es lo que le puede liberar. La mala noticia es que la esclavitud es automática, y la liberación, en cambio, requiere un esfuerzo. La buena noticia es que de la libertad viene la felicidad.
Lo perverso del juego es que la mente es capaz de hacernos creer cualquier cosa, incluso que las cadenas son las que nos hacen felices. ¿Cómo liberarse, pues, de la fuente de la felicidad? ¿Quién está dispuesto a renunciar a la satisfacción inmediata para alcanzar una auténtica felicidad que se encuentra al otro lado de un muro? El título de una obra del gran poeta persa Hakim Sanai es muy descriptivo: "El jardín amurallado de la Verdad". Ésa es la situación. Pero demasiado a menudo nos conformamos con pintar el exterior del muro y decirnos satisfechos: "Esto es la realidad, lo que nos hace felices". Sin embargo, en nuestro interior no dejamos de añorar lo que se oculta tras el muro. Ese jardín es nuestro verdadero hogar, y la nostalgia es como un faro que nos llama desde la lejanía para conducirnos hasta allí. A veces podemos creer que son cantos de sirena. Pero el jardín existe, y el aroma de sus rosas trepa por encima de los muros para recordarnos que hay un camino a seguir, que hay un destino al final del viaje.
Y mientras tanto, la mente juega con nosotros, mostrándonos caminos pavimentados de espejo, de piedras preciosas, de perfectas imitaciones de flores del paraíso. Nos lleva de la euforia al desamparo, de la omnipotencia a la miseria, y nos hace creer que eso es la vida. Sería maravilloso si fuera real. Pero no lo es.
Y cuando la mente por fin se rinde, la Realidad se hace presente, se abren las puertas del Jardín Amurallado, y las rosas de la felicidad florecen en nuestros corazones.
De una forma o de otra, todos decidimos en qué lado del muro queremos vivir.

miércoles 29 de julio de 2009

Revelación

Cuando apareció abriéndose paso entre la multitud, su rostro resplandecía, iluminado por una luz interior que teñía ligeramente de malva, como un halo, toda su figura. Y eso a pesar del polvo rojizo que lo cubría como una costra, y de las ropas mugrientas que apenas conservaban su forma original, señales inequívocas del largo tiempo pasado en el desierto. Todo el mundo sabía que aquel hombre ahora extremadamente delgado, que caminaba cimbreándose como un junco a punto de partirse, era el mismo que años atras había abandonado una vida acomodada para adentrarse en la inhóspita soledad de las tierras más áridas, buscando respuestas, anhelando un sentido del que su vida parecía carecer.
Cuando llegó a la plaza, rodeado por una muchedumbre silenciosa y boquiabierta, se sentó - se dejó caer lentamente - junto a la fuente, cuyo modesto surtidor se convirtió en el único sonido que se podía escuchar. La mirada de aquel hombre permanecía perdida, fija en un punto indeterminado, pero su expresión mostraba los signos de quien ha atravesado la puerta, de quien ha trascendido los límites, de quien ha sido admitido a la asamblea de los transformados.
El tiempo se muestra en ocasiones caprichoso, y aquí parecía haberse detenido, y nadie era capaz de romper el silencio. Ni los perros ladraban, ni los pájaros bajaban de las ramas para picotear las migas, ni los truenos tronaban, a pesar de que la amenaza de tormenta era inminente.
Tras esa eternidad de segundos, el hombre arenoso levantó la mirada y recorrió los rostros de sus antiguos vecinos, se diría que uno por uno, sin cambiar un ápice su expresión. Después empezó a hablar.
"Lo he visto. Cuando todo dejó de tener significado, cuando el Bien y el Mal formaron parte del mismo aliento, cuando la Verdad mostró su horrible faz y la Mentira enseñó su dulce rostro, cuando desapareció la forma y se manifestó la nada, el vacío, el caos y el cosmos fundidos en el magma primigenio. Dios me habló. Fui bendecido con la Revelación de todos los misterios, he muerto y he regresado a la vida. Yo soy el transformado, el portador del Mensaje".
El silencio que hasta ese momento había reinado fue inmediatamente absorbido por otro más profundo si cabe, y hasta el aire se solidificó, congelando el instante. Como un augurio, un pájaro negro cayó muerto al otro lado de la ciudad, pero nadie lo vio. Las miradas tejieron una red, concentradas en el rostro cubierto de polvo rojizo, que comenzaba a agrietarse.
Con el esfuerzo de un titán, un anciano se adelantó, tembloroso, con los ojos al borde de las lágrimas. La telaraña de miradas se dividió en dos. El silencio se transformó, por un segundo, en un murmullo imperceptible, que en seguida desapareció. El anciano abrió la boca una o dos veces, sin decir nada. A la tercera por fin pudo balbucear.
"¿Qué te dijo Dios? ¿Cuál es el mensaje?"
El silencio se volvió blanco, transparente, luminoso. Los ojos del Transformado se abrieron mucho, luego se cerraron. Dejó caer la cabeza y una lágrima comenzó a deslizarse por su mejilla, como un delicado arroyo abriéndose camino en un desierto.
"El Secreto... El Secreto..." - su voz sonaba como el mar contra las rocas -. "Yo... lo he olvidado".
El primer trueno rugió con la violencia de todos los infiernos desatados. La tormenta estalló, y en menos de un minuto el hombre quedó solo en la plaza, mientras la lluvia transformaba el polvo rojo en arcilla. Ya no había nadie para verlo, pero el agua siguió cayendo con fuerza hasta que la figura terrosa
desapareció, convertida en un charco de lodo.
Al día siguiente nadie recordaba nada de lo sucedido, y el viento arrastraba
en sus brazos invisibles un polvo rojizo, como llegado del desierto.

sábado 18 de julio de 2009

Y aquí estamos...

Todavía no termino de tener claro por qué persisto en el afán de querer comprender, cuando la vida me demuestra con una tozudez significativa que es mucho más lo que se nos escapa que lo que somos capaces de discernir. Una forma un poco retorcida de decir que no me entero de nada. Acabo por pensar que son mucho más productivas las flexiones que las reflexiones. Que al menos el corpore esté sano, que lo de la mens cada día lo veo más difícil. Ya lo decía Battiato, que siempre tiene una frase para todo:
"A Beethoven e Sinatra preferisco l' insalata

a Vivaldi l' uva passa che mi dà più calorie
uh! com'è difficile restare calmi e indifferenti
mentre tutti intorno fanno rumore"
Hoy leía un artículo sobre el estado de la enseñanza, las dificultades a que se enfrentan los profesores, las posibles soluciones, las causas probables... Hay casi tantas opiniones como personas. Hace falta disciplina, adaptarse a los nuevos tiempos, revisar el sistema educativo, volver a lo de antes, estimular al alumno, incorporar las nuevas tecnologías, implicar a los padres...
Y hace unos días viví un reencuentro con algunos de mis compañeros del colegio, a los que hacía treinta años que no veía. Posiblemente fuimos la última generación que todavía conservaba parte del respeto reverencial hacia el profesorado, que era consciente del valor del esfuerzo, que consideraba la disciplina como parte del proceso educativo. Naturalmente, como niños que éramos, todo aquello nos parecía un auténtico rollo, en general. Y el caso es que yo salí del instituto pensando que vaya desastre, qué inconsciencia, no haber aprovechado mejor aquellos años, no haber puesto un poco más de interés.
Con el tiempo y las generaciones posteriores, esa visión fue cambiando. Y tras la reunión de antiguos alumnos (del Ramiro, oiga), descubro cosas sorprendentes. Por ejemplo, que todos seguimos siendo capaces de escribir sin faltas de ortografía, e incluso de componer frases subordinadas y con sentido - y eso a pesar de manejarnos con soltura en las nuevas tecnologías. Antes del encuentro hemos intercambiado algunos mensajes, y me doy cuenta de que en realidad somos unos perfectos desconocidos. Y me pregunto qué pasará cuando nos tratemos en persona, y la sorpresa es que somos capaces de reconocer en los otros al niño que fuimos, al tiempo que descubrimos a los hombres que somos. No sólo hay rasgos que permanecen prácticamente inalterados, sino que además se manifiesta un vínculo misterioso que abre las puertas de los corazones. Y hablas de tus cosas, de esas que no vas contando por ahí, y escuchas con igual atención, y de repente cobra sentido un espíritu común, un aroma inconfundible, la certeza de compartir algo inefable que hace posible la armonía. Hay complicidad y respeto, hay cariño y un bagaje de experiencias ofrecido sin apenas reservas. Cada uno ha seguido un camino diferente en la vida, pero al parecer todos portamos un sello que en cierto modo nos distingue. No seré yo quien lo defina, desde luego. No sé en qué consiste exactamente, pero existe.
La vida se va tejiendo con un hilo invisible que tan pronto nos frunce como nos deshilacha. Un hilo finísimo y dorado que nos cose a la realidad y nos conduce a nuestro destino cabalgando los sueños de la infancia. Las leyes ocultas del universo están escritas en negro sobre negro, por eso la perplejidad y el enigma.
Por eso no me entero de nada, pero cada vez me importa menos.

lunes 13 de julio de 2009

Koniec

Hace más de veinte años, en una de las primeras ediciones del desaparecido Festival de Cine Imaginario y de Ciencia Ficción de Madrid (IMAGFIC), tuve ocasión de ver, por primera vez, la película "Sanatorium pod klepsydra". Tras muchos años de búsqueda, acabo de volver a verla (milagros del p2p). Es una película polaca, dirigida por Wojciech J. Has, basada en el libro del mismo título de Bruno Schulz. El cartel que ilustra esta entrada es del mítico cartelista Starowieyski.
Por alguna razón, esta película me produjo un impacto que ha perdurado con los años, a pesar de no recordar prácticamente nada. Apenas una vaga sensación de nostalgia, una atmósfera de ensueño, un aroma de extrañeza. Ahora puedo decir que, probablemente, esta obra es en gran medida responsable de mi fatal fascinación por las rarezas. Y eso explica muchas cosas. La sensibilidad de una persona se construye a partir de las experiencias, ya sean poéticas, estéticas o emocionales, y con más razón cuando se aúnan todos esos factores. Lo misterioso es el motivo por el que unos impactos dejan su huella más profundamente que otros.
No podría describir la película aunque quisiera. Visualmente es abrumadora, y se desarrolla en la mejor escenografía que yo haya visto en cine en toda mi vida, y el reparto es perfecto. El director teje una historia fantástica, prácticamente indescifrable, en la que el tiempo se pliega, se desdobla y se retuerce en un constante juego caleidoscópico. Es muy difícil crear un universo tan irreal y a la vez tan coherente, y a poco que te abandones acabas sumergido sin remedio en ese mundo poblado de la fauna más extraña que pueda imaginarse. Puede que no recordara nada porque me gustaría guardar en la memoria hasta el último detalle, tarea absolutamente imposible. Es como un laberinto tapizado de enigmas. Una experiencia cinematográfica. El cine como arte.
Como ya he dicho, esta película me ha acompañado en el recuerdo durante muchos años, y ahora, revisitada, me acompañará muchos más.
Y ahora me voy a dormir. Y a soñar, tal vez...

miércoles 8 de julio de 2009

Esto no tiene nombre...

No era mi intención, pero voy a hablar de algo que he pospuesto muchas veces. Me refiero a la cuestión del anonimato en los comentarios. Vayamos por partes:

Si yo visito un blog y descubro que el contenido es estúpido, ofensivo o carente de interés, sencillamente lo abandono y no vuelvo. Y no dejo comentario, porque dudo mucho que lo que diga vaya a tener el más mínimo efecto sobre el autor. Una persona con la que apenas tuve trato unos días, durante un curso, dejó una vez un comentario en este blog. Decía, entre otras cosas, que le parecía pretencioso. Era una opinión - con la que en ocasiones coincido - expresada con claridad por alguien con nombre y apellidos. Y la respeto, y agradezco profundamente a esa persona que lo dijera. Pues muy bien. Puedo estar de acuerdo o no, pero no escribo aquí para recibir parabienes y lisonjas. Por suerte o por desgracia, sé cuándo lo que hago está bien y cuándo no, sin necesidad de opiniones ajenas. Y quizá me equivoque, pero no me importa demasiado. Si alguien quiere decirme que todo lo que escribo es basura pseudointelectual, filosofía de libro de autoayuda, palabrería hueca y pedante, me parece perfecto. Siempre tendrá la opción de no volver a leerme. Y si insiste en visitar el blog y recordarme lo mal que lo hago y lo ególatra y desgraciado que soy, pues adelante. Como mucho me aburriré, pero no me ofenderá.
Ahora bien, ampararse en el anonimato para verter bilis es desagradable y cobarde. No me pienso enzarzar en interminables duelos de ingenio para ridiculizar al otro, ni explotar sus debilidades, ni mantener debates absurdos con personas que no buscan sino gresca ociosa. Me gusta suscitar la curiosidad, la reflexión y el intercambio de pareceres y visiones del mundo. Pero no tolero la falta de respeto que supone tratar de ofender anónimamente a las personas que colaboran en este blog con sus comentarios. Como veréis, nunca suprimo un comentario, sea del tipo que sea. Me limito a no contestar. Pero tampoco me gustaría ver convertido el espacio de comentarios en un campo de batalla. Hay millones de formas de emplear mejor el tiempo y la energía.
Entiendo que alguien no quiera dejar su nombre, apellidos y correo electrónico para comentar, ni lo necesito. La mayoría de las personas que visitan este blog son mis amigos - no virtuales -, y de otras sólo sé un nombre que puede ser incluso inventado. Allá cada cual.
Por otra parte, casi siempre los comentarios pretendidamente ofensivos suelen ser más un retrato del comentarista que otra cosa. Quizá alguno lo que realmente quiere es tener un blog y que alguien lo visite. No sé.
En fin, siento haber tenido que dedicar tiempo a este asunto. Me aburre soberanamente. Por supuesto, todo el mundo puede seguir haciendo los comentarios que quiera. Lo malo de los anónimos es que no les puedes llamar cobardes a la cara, porque no tienen cara. Pero ya no me voy a molestar ni en eso.
Pese a lo pretencioso que pueda parecer, este blog sólo pretende ser un espacio en el que compartir mis peculiaridades con quien las encuentre de interés. Ni más ni menos.
Como por ejemplo, hacer esculturas con piñas.

 
Clicky Web Analytics