jueves, 26 de abril de 2012

Entre col y col


Pasó lo que tenía que pasar: un segundo. Tiempo más que suficiente para que esos -55 mV dispararan la infinitesimal reacción en cadena, la microscópica e insignificante tormenta cerebral que llamamos pensamiento. Una idea, una ocurrencia, una impresión fugaz que gira a velocidad inimaginable, acelerando a medida que recorre circunvoluciones como un loco con un cuchillo por los pasillos de un manicomio. Y sin embargo, abrí la boca y pronuncié unas palabras. Tuve la sensación de que todos se volvían hacia mí con expresión de asombro y rechazo, pero era imposible, porque estaba solo. Mi voz sonaba lejana, como una piedra cayendo por un acantilado, engullida por el fragor del oleaje. Pero a mi alrededor todo era silencio. Inspiré con fuerza tratando de hallar un aroma peculiar que me ayudara a recordar. Y me inundó el olor a madera húmeda en una vieja iglesia del norte, los respaldos de los bancos tallados con cruces de una austeridad casi mística. Por aquel entonces yo creía, aunque no sé muy bien en qué.

Me hubiera gustado moverme, salir caminando o corriendo en cualquier dirección, y permanecía quieto como un árbol, tal vez incluso mecido levemente por el viento. Comprobé lo fácil que era sentirse solo, lo poco que importaba en realidad lo que dijera o callara. Podría cerrar los ojos y volver a estar de pie frente a aquella puerta blanca y agrietada, la puerta que separaba mi mundo de ahora del de antes, el tiempo de ahora del de aquella infancia perdida para siempre. Maldita la nostalgia, esa serpiente dulce, ese veneno fértil, esa muerte que sonríe en el umbral...
- Entonces, ¿le pongo la lombarda, o no?

- Sí, por favor. Y los canónigos.
- Pues no era tan difícil decidirse...
- Usted perdone.


Mientras cargaba con las bolsas calle abajo, pensé que no habría estado de más llevar unas fresas para el postre. Si es que no estás a lo que que hay que estar...

1 comentario:

Joel Samuel dijo...

Muy lindo, felicidades, soy escritor amateur de medio tiempo y trabajo en un hotel en Chihuahua México y pronto abriré mi blog de pensamientos que espero compartir con todos, saludos.