martes, 17 de junio de 2008

La flor invisible

Al calor de los amables y espontáneos comentarios de mis amados lectores, vuelvo al ataque. Como siempre, con más intención que dirección. A ver qué sale.
Aunque procuro utilizar la expresión con humildad y prudencia, reconozco que me considero, al menos en potencia y espíritu, un artista. Entendiendo por artista a quien trata de expresar por diversos medios una idea, una emoción, un algo interior y profundamente humano, con la intención de compartirlo con los demás. A quien intenta aportar una visión particular del mundo, a quien se esfuerza por revelar la belleza en cualquiera de sus infinitas y misteriosas formas, a quien pretende llegar a los corazones ajenos para ofrecer el fruto más o menos afortunado de su trabajo.
El artista se alimenta de la vida, de la naturaleza, de los mundos extraños y desconocidos que habitan en sus entrañas, de los sueños, de todo aquello que vibra o palpita o se retuerce en las dimensiones visibles o invisibles... Y también del trabajo de otros artistas. A mí me ocurre que, al contemplar las obras de los grandes genios de las artes, me planteo muy seriamente qué pretendo realmente. Si otros antes que yo ya lo han hecho todo y mejor. Hablo de Klee, Rothko, Jiri Barta, Cortázar, Dowland, Sergio Toppi, Coppola, Welles, Jiri Trnka, Aleixandre, Cartier Bresson, Tim Burton, Rumi, El Bosco... Pero entonces me digo que merece la pena seguir intentándolo. No hay que ser como ellos, ni alcanzar sus logros, ni acercarse siquiera a su nivel. Los únicos verdaderos requisitos son la honestidad y la humildad. Es más, me doy cuenta de que podría seguir ampliando la lista de los genios casi hasta el infinito, lo cual quiere decir que quizá todavía queda algo nuevo por hacer. Y en cualquier caso, cada vez que te enfrentas a la hoja en blanco, al lienzo, al bloque de piedra, a la pantalla del ordenador, estás enfrentándote al nacimiento de algo que aún no existe, porque incluso la copia más fiel de un modelo llevará inevitablemente la impronta de quien la realiza. Por eso los pintores siguen pintando flores y retratos, y los poetas hablan de amor, y los novelistas de la miseria y la grandeza humanas, y así una y otra vez...
Y como hoy alguien me ha hablado de un libro especialmente interesante, quiero terminar citando un pequeño fragmento. Como está en inglés decido transcribirlo tal cual, para no desvirtuar nada con mi traducción. De todas formas creo que es fácil de entender.

"Look at this surprising flower
wich cannot be seen, and yet
its fragrance cannot be hidden.

God is the invisible flower. Love is the flower´s fragrance, everywhere apparent".

Bahauddin Walad

2 comentarios:

Paloma dijo...

A verrrrr, peticiones del "leyente" : ¿podría ser una traducción, aunque sea muy libre? Es que a mi me sacas del castellano, el "cheli" y un poquito de francés y no me entero de nada.....sorry

ornitorrinco dijo...

Vale, allá va:

"Mira esta sorprendente flor que no puede ser vista, pero su fragancia no puede ser ocultada.
Dios es la flor invisible. El Amor es la fragancia de la flor, evidente por todas partes."

Es una traducción literal, es decir, nada poética, pero puede valer para salir del paso.

Gracias por participar. Besos.