lunes, 24 de marzo de 2008

El bosque mágico

Supongo que hubo un tiempo en que la relación del hombre con la Tierra era algo natural, simple y directo. Somos parte de la naturaleza, un elemento más en la compleja red de sistemas biológicos que dan forma a esto que llamamos nuestro mundo. Que ahora parezcamos empeñados en la nada desdeñable tarea de destruir todo ecosistema para sustituirlo por centros comerciales o urbanizaciones con campo de golf, no hace sino confirmar la idea de que nuestro ADN tiene más en común con un virus que con la cúspide de la pirámide de la creación. La soberbia es una niebla que cubre y oculta la inteligencia, y que probablemente nos llevará justo al lugar contrario al que creemos dirigirnos. Queremos someter al planeta, y terminaremos por ser expulsados del paraíso terrenal, convertidos en una más de las especies que se han extinguido sin dejar mayor rastro. Pero mientras eso ocurre (y quiera Dios que falte mucho), aún tenemos la posibilidad de escaparnos de la felicidad prefabricada de las urbes para experimentar el gozo de un paseo por el bosque, ese lugar mágico y sagrado que conserva, para los espíritus fatigados, las energías que un día hicieron surgir la vida y sus misterios. Con demasiada frecuencia olvidamos que somos una especie más del reino animal, y el bosque, el mar o la montaña nos recuerdan cuál es nuestro lugar, y qué fácil es romper el equilibrio de fuerzas que sostiene al planeta en su viaje por el universo. Los cuerpos celestes giran en sus órbitas inmutables durante milenios, y el hombre, ajeno a su propia irrelevancia, contempla con desmedido orgullo sus pequeñas obras, coronándose emperador de una mota de polvo que flota sin rumbo al capricho del viento. Y de repente un día te sientas en el tronco de un árbol quizá vencido por un rayo, y por un instante tu espíritu se funde y se disuelve en el aliento silencioso del bosque, el hogar ancestral, el edén perdido y reencontrado. Y bañado por el hálito divino regresas, con la conciencia de haber tocado, tal vez por un segundo, el corazón mismo de la vida.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

j.j.
BASHO

Anónimo dijo...

Gracias. Estaba esperando esta foto...

Anónimo dijo...

J.J.
¿Para cuando el libro?
¿A qué estás esperando?
Lo tienes en las manos.

ornitorrinco dijo...

Aún le faltan algunas páginas, amigo, pero ya falta menos. Gracias por vuestra confianza y por seguir visitando éste vuestro blog.

Anónimo dijo...

j.j
Digo el libro de fotos y textos de este blog.

ornitorrinco dijo...

Pues a eso me refiero, que si no en vez de un libro va a parecer un prospecto.

ornitorrinco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
monilisa dijo...

Me x@ggrrr en lo ignorantes que somos.
¡Mediocres!¡Idiotas! ¡Cortos de mente!
¡¡¡Tontos, tontos, tontos!!!!!
Vale, ya estoy más tranquila...
Es una foto tan bonita. Me perdería allí para siempre.

Anónimo dijo...

J.J.
O.K.Ornitorrinco.
AVANTI!