jueves, 3 de septiembre de 2009

¡Alehop!

Aunque ya era demasiado tarde, comprendí que el tiempo es mentira. Los relojes, los calendarios, los intervalos, la duración. Todo falso. Lo perdurable y lo fugaz. Recordé haberlo leído en El Perseguidor, que de repente volvió a mi memoria como escrito en letras de fuego. Detuve mi mirada en las miradas de asombro que parecían sujetarme, o simplemente esperaban lo inevitable. Pero ellos seguían convencidos de la existencia del tiempo, y por eso apenas pudieron trazar la trayectoria que veloz se dibujaba ante sus ojos. En cambio yo pude detenerme a contemplar morosamente sus rostros llenos de espanto, o tal vez no era sino avidez, la adrenalina estallando como un volcán, la eléctrica e intensa emoción del trágico desenlace que, en el fondo, uno siempre espera. En los escasos quince metros - el espacio, otra ilusión burda y falaz - recuperé el aroma inolvidable de su pelo, la primera vez que la ví y me acerqué lo suficiente como para sentir la fragante y sedosa ondulación rubia que el sol hacía brillar como una hoguera en la noche. Y también las palabras formaron un mar, una espuma densa de significados que explicaban el mundo para hacerlo habitable, por más que ahora no llegaran a expresar un sólo átomo de verdad. Lo real estaba ahí, a punto de revelarse en su inconmensurable sencillez, tan transparente que es imposible verlo con los ojos abiertos, tan claro y explícito que la mente se detiene asombrada, incapaz de abarcarlo por un instante siquiera. Pero precisamente un instante - lo eterno, lo increado, lo preexistente - y la vida se transforma en muerte, en nada, en vacío, en el rostro invisible; la materia desintegrada, la cáscara, el envoltorio inerme; el misterio del alma, el espíritu puro, la rueda, el ángel de luz, la esfera.
El grito dio paso al silencio. Se llevaron el cuerpo, y yo lo veía como veía todo, cada aliento, cada lágrima, cada ínfimo temblor. Lentamente fueron abandonando la carpa, como cortejo fúnebre, los rostros contraídos, los ojos húmedos. Sentado en la cuerda floja, el último foco proyectaba, obstinadamente, la sombra de lo que fui. Pero yo ya no estaba allí.
Mañana habrá función, porque la rueda sigue girando.
Como si el tiempo existiera...

5 comentarios:

chema dijo...

Estimado amigo, qué alegría saber de ti, que tal va todo?
Sigues escribiendo con ese aire melancólico y bohemio, sigues leyendo tres libros a la vez?.
Un fuerte abrazo.

Celia dijo...

Mi querido amigo: tienes el don de la escritura y puedes transportarnos a mundos donde vibra la armonía y a veces el desencanto de la vida real.

Enhorabuena. Trato de infundirte un poco de fe en que la complejidad del ser humano y los vientos de tu travesia te sean propicios.

ornitorrinco dijo...

Querido Chema: Gracias por tu visita. Ya no llevo la cuenta, empiezo los libros y al final no sé dónde he leído cada frase. Un follón...

Querida Celia:
Gracias por tus siempre amables comentarios, y especialmente por invitarme a esa infusión de fe (que podría ser de té), las pastas ya las pongo yo...

Celia dijo...

De nada. Que tus sueños edulcoren el té más agreste para bebèrnoslo en sorbos de luz y optimísmo, mientras en el fondo del vaso riela nuestra emoción. Hasta pronto.

Anónimo dijo...

Jo con la Celia!
Abu