
Ahora es para siempre en esta quietud sagrada del instante. Silencio. Con la misma dulzura dormiría a tu lado, si pudiera apagarse ese murmullo estéril, si la palabra hueca se deshiciera en polvo o en ceniza. Llena tus manos de tierra, como un niño, y aprende de una vez lo que es el mundo. Coge una piedra, un palo y una hoja. Si Dios existe, es eso.
He visto -quizá en sueños- una luz, un abismo, un rostro amado, una bestia atroz: todo es lo mismo. Pero luego despierto y es la noche vacía. El corazón palpita sin saberlo -cada segundo cuenta- la medida del tiempo que nos queda.
Como el perro busca la sombra en el calor de agosto, así yo ladro al reflejo de la luna en el agua.