miércoles, 4 de febrero de 2009

Petit homme rouge

¡Qué desesperación, qué desperdicio de vatios, qué pérdida de tiempo! Y mira que lo hago por su bien, pero esta tribu de imbéciles se ha empeñado en desaparecer por la vía rápida. Vamos a ver: estoy encendido, soy rojo y mi gesto no puede ser más claro. ¡Pero si es que ni me miráis! Es lo que yo digo, el mal de este tiempo que nos ha tocado vivir. El caso es moverse, que parezca que sabemos adónde vamos. El caso es no parar nunca, no vaya a ser que en el silencio se pueda escuchar el murmullo de fondo que os entontece, eso a lo que llamáis pensar. ¡Dejadme reír! A lo mejor creéis que estoy aquí por gusto, que no tengo nada mejor que hacer que tratar de advertiros del peligro, de recordaros que no soy un adorno. Al menos el otro, el verde, puede caminar - o hacer el gesto, que ya es algo. Si tuvierais un poco de sentido común yo no tendría que estar aquí. Pero claro, la libertad, se os llena la boca de libertad y de derechos, ya sois mayorcitos para jugar con vuestras vidas. Mi cuerpo es mio y hago con él lo que quiero. ¡Estúpidos egoístas! Lo único que pido es un poco de respeto. Parad un instante. Respirad. Mirad alrededor. Cerrad los ojos y escuchad vuestra respiración.
Es inútil, pero yo sigo aquí. Seguiré aquí, rojo, desafiante, eternamente estático. Esperando que algún día seáis capaces de ver. Tengo una misión. No importa cuánto me despreciéis. Seguid ignorándome. Yo no abandonaré. Aunque sólo sea por esos niños que aún me miran y exclaman: "¡Papá, un robot!"
Soy el hombrecillo rojo y cuido de vosotros. Supongo que os quiero...

2 comentarios:

Javi V. dijo...

Lo que el hombrecillo no ha contado es su pasado.
Como le señalaban en el colegio de curas por ser rojo.
Como conoció a una mujer verde y tubieron que llevar lo suyo en secreto y de noche, cuando todos los hombrecitos son pardos..
Como la sociedad nunca aceptó que sus hijos fueran color melocotón verdoso.
Y lo peor de todo, como un día perdió el poder de parpadear y todo aquello que le importaba: mujer, hijos, trabajo, y un semaforo de VPO que había pagado religiosamente durante 40 años.

Triste vida ornitorrinco la del hombrecillo rojo.

ornitorrinco dijo...

Pues sí, qué triste... No sé si estaremos hablando del mismo hombrecillo, pero gracias por la aportación.