La naturaleza se dibuja a sí misma. El sol que agónicamente se filtra a través de un cielo casi transparente, abriéndose paso a duras penas entre el velo pastoso de unas nubes que hoy se han teñido de gris incandescente. La luz se cierne sobre la tierra con una vibración leve, con un trémulo agitarse que apenas se percibe. La sombra se vuelve acuosa, incierta, huidiza y frágil. La piedra es un lienzo que apenas se mantiene sólido, lo justo para que las ramas proyectadas no se pierdan en el vacío. El mundo alrededor permanece callado e inmóvil, esperando que la luz lo haga renacer por un instante, sin que nadie se dé cuenta de su inexistencia. Una urraca - o quizá un mirlo - se esconde entre las pocas hojas secas que aún se aferran, ignorando que su tiempo ha pasado, colgando inertes como murciélagos pálidos. El aire es frío, y azul, y sedoso, y lo envuelve todo amorosamente. El grito de un niño estalla, y después se apaga y la rueda del tiempo vuelve a girar pesadamente, con su ronroneo familiar. Es enero, el mes en que el año empieza a terminarse. Y las sombras se ocultan en la luz difusa de esta mañana de domingo. Pero no se irán, sólo se duermen hasta que el sol decida despertarse. Lentamente me voy, nos vamos, escuchando el viento que susurra su canto gélido. La vida se despliega poco a poco, y salimos del cuadro tratando de no hacer mucho ruido. Ahora que ya no miro, tal vez las sombras hayan florecido.
martes, 20 de enero de 2009
Domingo de Ramas
La naturaleza se dibuja a sí misma. El sol que agónicamente se filtra a través de un cielo casi transparente, abriéndose paso a duras penas entre el velo pastoso de unas nubes que hoy se han teñido de gris incandescente. La luz se cierne sobre la tierra con una vibración leve, con un trémulo agitarse que apenas se percibe. La sombra se vuelve acuosa, incierta, huidiza y frágil. La piedra es un lienzo que apenas se mantiene sólido, lo justo para que las ramas proyectadas no se pierdan en el vacío. El mundo alrededor permanece callado e inmóvil, esperando que la luz lo haga renacer por un instante, sin que nadie se dé cuenta de su inexistencia. Una urraca - o quizá un mirlo - se esconde entre las pocas hojas secas que aún se aferran, ignorando que su tiempo ha pasado, colgando inertes como murciélagos pálidos. El aire es frío, y azul, y sedoso, y lo envuelve todo amorosamente. El grito de un niño estalla, y después se apaga y la rueda del tiempo vuelve a girar pesadamente, con su ronroneo familiar. Es enero, el mes en que el año empieza a terminarse. Y las sombras se ocultan en la luz difusa de esta mañana de domingo. Pero no se irán, sólo se duermen hasta que el sol decida despertarse. Lentamente me voy, nos vamos, escuchando el viento que susurra su canto gélido. La vida se despliega poco a poco, y salimos del cuadro tratando de no hacer mucho ruido. Ahora que ya no miro, tal vez las sombras hayan florecido.
martes, 13 de enero de 2009
La vida, ese jijí jajá
Vivimos en la Edad de los Prodigios. Hay una ley no escrita, secreta, oculta y de vital importancia: un mayor nivel de conocimiento implica una mayor responsabilidad. Del mismo modo, el mundo moderno nos proporciona un acceso casi ilimitado a enormes cantidades de información; las nuevas tecnologías nos permiten acometer tareas complejas con absoluta facilidad, hemos convertido el planeta en una aldea global. Pero todo este vertiginoso progreso pone en nuestras manos un inmenso poder. La pregunta es: ¿hemos desarrollado, al mismo tiempo, la capacidad para administrar ese poder de la mejor forma posible? Y llevando la mirada a lo cotidiano: ¿estamos siendo capaces de enfocar nuestras vidas de un modo adecuado? Ya sé, ya sé: ¿a qué llamas adecuado, y cuál es el mejor modo posible? No quiero ser demasiado ambicioso, pero intentaré resumir. Desde que tengo recuerdo he escuchado cientos de definiciones de lo que es la vida. Incluso es habitual escuchar a las mismas personas repetir definiciones contradictorias según el día y las circunstancias. En realidad, la vida no es nada. La vida es nuestra experiencia y nuestra visión personal, construidas ambas a través de los años, condicionadas por lo que nos han enseñado, lo que hemos aprendido y lo mucho que ignoramos. La vida, como experiencia, nos arrastra. Nos empeñamos en mantener viva la ilusión del control, pero si no podemos controlar el azar - y no podemos -, no controlamos nada. Y eso es bueno, o por lo menos no es malo. Otra cosa es nuestra visión, la manera en que vivimos, la forma de aprehender el mundo y de llevar adelante nuestra existencia. Aborrezco los tópicos, pero parece existir un verdadero interés en que asumamos como naturales ciertas actitudes, en que adoptemos como propios ciertos objetivos y ciertas maneras de alcanzarlos, y en que nos creamos ciertas cosas sin cuestionarlas demasiado. Nunca he sido un rebelde sin causa, pero hay muchas causas para ser rebelde - frente a la ignorancia, por ejemplo. Anhelo la libertad, que no es hacer lo que yo quiera, sino saber qué es lo mejor que puedo hacer. La verdad os hará libres, ¿os suena? Hace mucho hice una entrada cuyo título - tomado de Aldous Huxley (que a su vez lo tomó de Shakespeare)- era "El tiempo debe tener una parada". Es muy difícil saber hacia dónde vamos si no nos detenemos a observar. ¿Es este el camino? ¿Nos lleva adonde queremos ir, y queremos ir adonde nos lleva?
Lo admito, me he metido en un jardín muy intrincado, y no voy a llegar a ninguna conclusión. Ni era mi intención. Pero no aguanto la sensación de estar corriendo sin saber por qué ni hacia dónde. Por eso me paro y observo. Si alguien piensa que eso es perder el tiempo, pues muy bien. Qué le vamos a hacer. Cada uno busca la felicidad a su manera.
Basta por hoy. Ya me han vuelto a dar las tantas...
lunes, 12 de enero de 2009
Copito a copo
Ha nevado en Madrid. Hacía mucho tiempo que no nevaba tanto, y aquí la nieve siempre es un acontecimiento. El caos circulatorio habitual se convierte en un pandemónium, los transportes públicos se colapsan, y aunque parece que la gente no sabe si reír o llorar, se puede saborear la ilusión en el ambiente. ¿Por qué nos gusta tanto la nieve? Supongo que nos recuerda los días de la infancia, cuando su único significado era juego, batallas de bolas, muñecos con nariz de zanahoria, trineos improvisados, y el ansiado "¡no se puede ir al colegio!" Y tal vez porque hay en la nieve un algo de pureza que opera el milagro de limpiar un poco las telarañas de la mente, un aura que nos cautiva con su blancura sobrenatural. Cuando veo un campo recién nevado, siempre me quedo oscilando entre el deseo de sentir el sonido de la nieve crujiendo bajo mis pies, y la sensación de que al hacerlo estoy profanando un misterio sagrado, la inmaculada superficie del paraíso. El mundo se transforma en un espectro blanco que parece congelar, literalmente, el tiempo y el espacio. Hay una quietud aparente, casi se diría que un silencio, como si la ausencia de color absorbiera también los sonidos. Pero no debería de sorprendernos. Sólo hay que ver el diseño de los copos al nivel microscópico: cada uno es diferente, pero todos responden a un modelo de simetría hexagonal. No lo podemos ver, pero quizá lo percibimos de alguna forma, y por eso algo tan simple como gotitas de agua helada se transforma en otro de los muchos milagros que hacen que la vida sea algo más de lo que aparenta. ¿Quién puede resistirse a la tentación de sacar la mano del guante para hundir un dedo en la nieve recién caída?Y también es posible que su necesaria fugacidad nos empuje a disfrutarla de inmediato. Sabemos que su presencia es efímera, que muy pronto el sol la volverá a transformar en agua y el encanto se disolverá en charcos y restos de sal gorda. Pero nosotros recordaremos su brillo intenso bajo la luz, su color imposible, y la sensación de que por unos momentos el mundo se detuvo para mostrar la insólita y blanca apariencia de la nada.
martes, 6 de enero de 2009
Buenas noches y buena suerte
Es tarde y estoy cansado, y no pensaba actualizar el blog. Hoy terminan oficialmente las fiestas navideñas, que por mucho que lo intentes no hay forma de evitar que te engullan como un gigantesco sumidero. Pero cada vez que veo las dos entradas anteriores, la visión de mi cara multiplicada empieza a parecerme que no fue tan buena idea. Así que, a modo de urgencia, me lanzo al vacío creador sin red. O lo que es lo mismo, cuelgo una foto, y a escribir. Si estuviera más entero hablaría de la vida, de lo absurda que es a veces, y de lo que cuesta en ocasiones encontrar un significado mínimamente sostenible a cuanto nos sucede. Pero no lo estoy, así que me conformaré con decir que, en general, la casualidad no existe. Y mira que me gustaría creer lo contrario, pero no hay manera. Estoy recuperando lecturas de juventud, y comprobando cómo el factor tiempo hace que muchas cosas cambien de significado. Lo que antaño nos pareció fascinante y enigmático hoy se nos presenta pueril. Lo que en su momento aparentaba ser mera palabrería, ahora revela sutilezas inesperadas. Lo cual viene a confirmar que estamos en perpetuo cambio, en constante mutación. Desgraciadamente eso no siempre significa evolución. Pero eso es otra historia. ¿Y la foto? Pues no sé si tiene que ver con todo esto. Es un regalo de cumpleaños que le hice a mi pequeñajo el año pasado (lo que hace la falta de presupuesto). Se supone que es un robot. En este momento necesita una profunda reparación, pero eso era previsible. En fin, también era una declaración de principios. Probablemente no cumplió ninguno de sus propósitos, pero valió la pena intentarlo. Si lo miro detenidamente, creo que lo hice un poco a mi imagen y semejanza. Pero seguramente son ínfulas del ego creator. Qué cruz...Hala, misión cumplida, ya está aquí la primera entrada de 2009. Prometo esforzarme por mantener el ánimo en alto y dar lo mejor de mí mismo. Pero que nadie espere milagros. O sí.
A ver si me termino Moby Dick (sólo me quedan 320 páginas) y cumplo mi promesa de hablar de La Ballena.
Y como fin de fiesta, un haiku del maestro Bashoo:
Primer chubasco.
También el mono quiere
un abriguito.
Hatsu-shigure
Saru mo ko-mino o
Hishige nari
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Apoteosis del batiburrillo, o el año que se acaba
¡Que no cunda el pánico! No me ha dado un ataque de ego, aunque admito que lo parece. Lo que ocurre es que ando escaso de material gráfico, y voy tirando de donde puedo. Y como no me sentía capaz de hacer un resumen cabal de este año sin caer en las recurrentes y desgastadas lamentaciones, y me he propuesto empezar 2009 con otro espíritu, he decidido gastarme esta inocente broma fotográfica. Que viene a ser un mosaico de las fases lunares pero con mi propia faz. Honestamente, creo que doy más risa que miedo. Esa era la intención. Lo que hace uno para no ponerse demasiado trascendental... Cualquier cosa con tal de enfrentar los días que nos aguardan con el ánimo bien dispuesto, con la voluntad firme de hacer las cosas cada día mejor, con el profundo deseo de superar los altibajos de la vida con alegría, con el anhelo genuino de ir encontrando el camino a la felicidad. Despacito y con buena letra. Y no quiero despedirme sin agradecer de corazón a todos los que habéis visitado este blog, especialmente a los amigos y asiduos, a los perseverantes, a los comentaristas, a quienes me han ofrecido un hombro en el que llorar y me han dado patadas en el culo cuando ha hecho falta, a los que habéis querido compartir este espacio abierto y un poco raro - para qué negarlo. Sólo espero que algún día podamos tomarnos un cafetito juntos, en el mundo real. Mientras tanto, aquí siempre tendréis vuestra casa.Y si esta noche bebéis más de la cuenta, que sepáis que mañana tendréis resaca. Luego no digáis que no lo advertí. Y para terminar, un poemilla rescatado del olvido, casi.
¡Qué nubes de qué cielos
derramarán su lluvia en qué horizontes!
¡Qué iluminadas rosas
licuarán su perfume en qué cabellos!
¡Qué anémona candente
arderá en qué profundo mar de fondo!
¡Qué vientos o qué fuegos
doblegarán qué vidas temblorosas!
¡Qué tierras o qué lodos
sepultarán qué días o qué sueños!
¡Qué dulce despertar
esperará a qué amargo adormecerse!
¡Qué corazón amante
recibirá en su seno
al corazón amado!
Besos para todos, y que la Fuerza os acompañe.
martes, 30 de diciembre de 2008
As time goes by...
Quedan apenas 24 horas para que termine el año. Es el tradicional momento de los balances y los buenos propósitos, de los deseos de prosperidad y de alimentar las esperanzas para el futuro. Sin embargo, esto de las fechas señaladas siempre me ha llamado la atención. Parece que necesitemos constantes puntos de referencia para recordar todo aquello que consideramos significativo. El día del padre, de la madre, de los enamorados, del nacimiento de Jesús, de su muerte, de su resurrección; el día del trabajo, de la constitución, de la patria, de los inocentes, de todos los santos... Los aniversarios y los cumpleaños. Y así con todo. Como dice Battiato en una canción: "Yo quiero vivir en el presente, para siempre". Pero aprovecho la ocasión para hablar del paso del tiempo. Y por eso traigo esa curiosa foto, en la que me autorretraté en plan Matrix con mi flamante Lomo de cuatro objetivos mientras subía - o bajaba - en ascensor. Afortunadamente, cuando se abrieron las puertas no me esperaban cincuenta tipos con traje negro disparando como demonios, ni tuve que correr por las paredes vaciando cargadores de metralleta - qué más quisiera. De hecho, seguramente iba a comprar el pan. Lo curioso es que la susodicha cámara tiene cuatro objetivos que se abren secuencialmente, lo que significa que entre cada imagen hay una diferencia de milésimas de segundo. Entre la primera y la cuarta puede haber transcurrido un segundo. El tiempo pasa y todo cambia. ¿Cuántos pensamientos pueden cruzar por nuestra mente en un segundo? ¿Cuánto tardamos en tomar una decisión trivial - comprar primero el pan y luego el periódico, o viceversa? ¿Cuánto en cambiar de ánimo? Y la foto es de hace dos años. Me miro y me reconozco, pero sólo en parte. Muchas cosas han cambiado, y ahora soy y no soy el mismo. Empieza un año nuevo, pero eso sucede cada día. Aunque entiendo que 4.380 uvas anuales pueden ser demasiadas (si es cierto lo de Italia y las lentejas, no quiero ni pensarlo). Y luego está lo de los buenos deseos. ¿Sólo amamos al prójimo en navidad? Si estas fechas nos despiertan sentimientos amorosos, ¿el resto del tiempo están dormidos? Es todo un poco raro. No soy enemigo de estas fiestas, pero no estaría mal que pudiéramos celebrar, todo el año, el día del respeto universal, por ejemplo. O de la dignidad. O del Amor, sin más. Pero bueno, eso es cosa de cada uno. Yo ya tengo mi lista de propósitos para 2009... Pero es que lo tengo muy fácil, es la misma de todos los años. Es como el Día de la Marmota...Como regalo anticipado de Reyes (ese día sí que mola), añado unos enlaces muy interesantes.
Hasta mañana o pasado.
domingo, 28 de diciembre de 2008
Papel mojado

Mientras continúan las cumbres borrascosas y el viento gélido e inmisericorde barre mis neuronas alegremente, daré la palabra a Bahauddin Valad (1152-1231), padre de Mevlana Jalaluddin Rumi.
"Someone asked me what is the knowing I speak of and how does love I mention feel. I said if you don´t know, what can I say? And if you do know, what can I say?
The taste of knowing love has no explanation, and no account of it will ever give anyone that taste."
Y más:
"God buys the essence you offer in exchange for the Garden of Eden (9:111)
I buy your kindness, your unselfish impulses, not those around you. Did you expect them to be interested? Do you want two buyers, myself and others? Whatever you do to be popular is a waste of time. They see, then turn away. Does that make you sad? Don´t be. I am the only buyer you will ever have."
Y por si fuera poco:
"By the One who set the earth with rivers pouring through in mist below the mountains, and two oceans with a strip of land between (27:61), we move the elements into various shapes without their consent, but human beings, unlike the water and trees, have a choice. They are given dignity, discernment, and the evolutionary wisdom that can move from death to new life, again to die and be restored on another level of existence. You have many choices about the ways you live and work and change and survive. Say you fall into an ocean. You may give up and sink, or you may try to swim to shore. Salvation is your decision."
Amén y buenas noches.
jueves, 25 de diciembre de 2008
Desde las cavernas
Como muy bien saben los que leen religiosamente este blog (y digo religiosamente porque antes se encomiendan a todos los santos por lo que puedan encontrar), los últimos días andaba considerablemente alterado, o dicho coloquialmente, pabajo. Tras hacer una de esas entradas incendiarias y recibir los correspondientes capones, decidí que había llegado el momento de remontar, y no se me ocurrió nada mejor que comprarme una película de oferta: "One Million Years B.C.", o lo que es lo mismo, "Hace un millón de años". Obra emblemática el género "Cine prehistórico con mujeres macizas", protagonizada por Raquel Welch en el año en que yo nací. Naturalmente, la excusa fue que los efectos especiales corrían a cargo del genial Ray Harryhausen, pero mi objetivo real era la contemplación de la espléndida Welch con su bikini de pieles. Sin duda alguna me estoy haciendo mayor, pero tengo que admitir que el saludable e ingenuo erotismo que destila Ella es infinitamente más sugerente que la mayoría de lo que hoy en día nos venden con el mismo propósito. Y me enternece y fascina al mismo tiempo el trabajo de Harryhausen, que a pesar de los años transcurridos revela una capacidad asombrosa para inventar mundos imposibles, desafiando las dificultades técnicas con imaginación y oficio.Pero todo esto era una excusa para hablar de otra cosa. Hay una escena de la película en la que un hombre pinta animales en las paredes de una caverna, mientras un grupo de niños le observa. Dejando de lado el nulo rigor científico de la película - ni falta que le hace -, nunca he conseguido creerme del todo las teorías acerca del sentido exclusivamente mágico y ritual de las pinturas rupestres (nota: uno de los escasos sobresalientes que he sacado en mi vida académica fue con un trabajo para la facultad titulado: "Abstracción y figuración en el Arte Prehistórico"). Y lo que me pregunto es si los eruditos que han formulado dichas teorías han experimentado alguna vez la magia real de crear un dibujo, de hacer surgir del blanco del papel una figura, una forma que antes no existía. Porque ando estos días con los lápices en la mano, y no dejo de sentir ese entusiasmo, esa alegría casi infantil, esa felicidad interior que me proporciona el sentirme capaz de dar vida y presencia a un personaje que antes sólo era una idea vaga e imprecisa. Que un humilde lápiz y un papel puedan recrear seres, paisajes y sueños, que aparecen lenta y misteriosamente ante tus ojos. Y cualquiera que haya vivido esa experiencia sabe que el ser humano no necesita una finalidad utilitaria para ponerse a trazar líneas, manchas o puntos. Es un impulso profundo, el mismo que lleva a un niño a arrastrar un palo sobre la arena. Si luego cazaban un bisonte, pues mire usted qué bien. ¿Pero qué querían que pintaran? ¿El nacimiento de Venus? ¿El Jardín de las Delicias?
Bueno, es un tema apasionante, pero es un poco tarde y me fallan las fuerzas. Otro día continuaré. Pero antes de despedirme, quiero rendir tributo al recientemente fallecido Robert Mulligan, director de "Matar a un ruiseñor". Benditos los que dejan una huella semejante a su paso por este mundo. Gracias y amén.
domingo, 21 de diciembre de 2008
Más lluvia violeta, o maldita sea mi estampa...
Empezamos bien. Pensaba hablar de la pérdida de la fe - de la mía, quiero decir - y al repasar las virtudes teologales descubro que también carezco de las otras dos (la esperanza y la caridad, para los menos puestos en catolicismo). Vaya por Dios...No pretendo hacer una entrada interminable, aunque lo cierto es que para hablar de fe habría que extenderse largamente, con objeto de siquiera establecer una definición compartida. Resumiendo, diría que la fe que yo he perdido es, sobre todo, en el ser humano, entendido como especie y extendida - la pérdida - a casi todos sus especímenes, incluyéndome a mí, naturalmente. La teoría apocalíptica de que el planeta acabará sacudiéndose de encima a la raza humana como un perro a las pulgas se mantiene en pie con firmeza. Y, sinceramente, no me inspira ninguna lástima. Imagino que estoy muy malito cuando no soy capaz de percibir a mi alrededor más que egoísmo e ignorancia - que vienen a ser la misma cosa. Ya dicen que la vida es un espejo que nos devuelve la imagen que proyectamos. Espléndido panorama. Mis queridos y bienintencionados amigos: esto es lo que hay. Y como además soy cabezota y me niego a sucumbir a las pastillitas de la felicidad, y mi estúpido sentido de la responsabilidad - pacientemente inculcado en un alma cándida como la mía cuando empezaba a asomarme a la vida - me empuja a no dejarme deslizar del todo por la pendiente, pues aquí estamos. Si estaré desesperado que hago entradas como esta contra mi voluntad. En serio, tanta idiotez me mata. Os admiro, de verdad, desde lo más profundo de mi corazón. Admiro vuestra fortaleza, vuestra determinación, vuestra capacidad de sobreponeros a las adversidades y zancadillas de la vida. Y vuestro empeño en acudir a este blog para no sé exactamente qué. Será la excitante experiencia de observar, desde la seguridad del ciberanonimato, a este bicho que se retuerce entre la angustia, la tristeza y el puro dolor de vivir. Ni esperanza, ni caridad. Panem et circenses.
Hacía más de un mes que no soltaba un exabrupto de este calibre. Pero la ruina ambulante en que me he convertido no da para más. Y mira que intento dar el pego, pero que no hay manera.
He agotado a los íntimos, y ya no me queda sino volcar en este triste foro el amargo veneno que me intoxica.
No pasa nada, todo es mentira. Mañana leeré esto y me arrepentiré como un imbécil. Es hablar por no callar. Es que es domingo por la noche y no tengo a quién llamar para llorarle mis penas. Así de crudo. Pues eso, que ni os molestéis en comentar, que no vale la pena. Bua, pobre de mí, etc. Menudo rollo. Debería eliminar esta entrada, pero no lo voy a hacer. Así la podré visitar de vez en cuando para no olvidar lo tonto que soy, que luego te sube demasiado la autoestima y no hay quien te aguante. Para el que sepa de lo que hablo, es la historia del anillo.
Feliz Navidad, no obstante e incluso.
jueves, 18 de diciembre de 2008
Regreso inesperado
Efectivamente, es él. Nuestro amigo el tigre triste, a quien dábamos por desaparecido, a quien imaginábamos agazapado en la jungla cerámica acechando a una gacela de Lladró, ha vuelto. Tal vez se ha acostumbrado a su apacible vida tras el cristal, a contemplar a los transeúntes en su cotidiano devenir. La larga privación de libertad a veces provoca la incapacidad de disfrutarla cuando se recobra. Uno no sabe qué hacer con ella, y el hábito de no tener a dónde ir reduce tu mundo al pequeño espacio que te rodea y que se convierte en todo tu universo. Al menos se ha producido un cambio. Ahora está en el suelo, tras la columna (en realidad es el pie de un velador), y pasa más desapercibido. No está tan expuesto a las miradas, y puede ocultar su tristeza a los ojos impertinentes de los paseantes ociosos. Supongo que no encontró su lugar en el Belén - posibilidad que apuntaba Chema en su comentario -, o quizá se comió al buey y le echaron a patadas. Y es que los tigres no entienden de navidades, que en la selva se oye más el tam tam que la zambomba, y cuando el hambre aprieta, primero se engulle y luego se pregunta.Bienvenido, pues, al escaparate. Como en casa, en ningún sitio.
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